Ahora que no puedes evitar que lo mejor de ti se escape en todas direcciones;
ahora que tus lágrimas reflejan los colores intactos del instante, sin caer de tus ojos;
ahora que el silencio se abre paso entre las palabras que pronunciaste y aquellas que pensaste y te callaste;
ahora que te apartas del camino, y descubres que puedes descansar porque los pensamientos siguieron caminando;
ahora que no luchas contra ti, ni luchas contra el otro, ni luchas contra todo…, y te encuentras ligero… …y eres aire;
ahora que en tus manos -vacías y despiertas- puedes sentir el corazón del mundo;
ahora que perdonas y te olvidas, y en ese hueco tu canción adquiere la forma de tus labios y la armonía de tu libertad;
ahora que la vida es cosa tuya, y no sólo tu vida y sus alrededores;
ahora que despiertas en una latitud desconocida, y te ves a ti mismo como un punto;
ahora que respiras con soltura, y el hálito te guía hacia la dicha;
ahora que te hallas frente a él, o ante ella, y os miráis a los ojos, y nada falta porque todo es dado y todo es comprendido al recibirlo;…
… ¡ahora no estás tú!, y en tu lugar acaso está tu amor haciendo de las suyas.
Luis Ángel Barquín
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- Compromiso-
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- Pulso
- Una luz en la luz
- Dhyana (en meditación)
- Cuaderno del vacío
- Esencia
- Ser
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sábado, 23 de mayo de 2009
TU AMOR
Etiquetas:
POEMAS EN PROSA
en
5/23/2009 10:58:00 p. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
jueves, 21 de mayo de 2009
SOBRE LA CREACIÓN ARTÍSTICA -ANTONI TÀPIES-
COMUNICACIÓN SOBRE EL MURO
La larga noche;
el son del agua
dice lo que pienso.
GOCHIKU
Siempre que me han pedido explicaciones sobre lo que llaman mis muros, ventanas o puertas, procuro aclarar inmediatamente que en realidad he hecho menos muros, ventanas o puertas de las que se imagina la gente.
Mi respuesta se puede interpretar en un doble sentido. Primero, como una protesta, o como una invitación a que mis muros, ventanas o puertas –que, de todas maneras, pueden muy bien estar en mis cuadros – sean tomadas fundamentalmente como una organización artística. En segundo lugar, como una advertencia al hecho de que estas imágenes, en mis intenciones, como en la mayoría de las obras de arte, jamás han sido un fin en sí mismas, sino que han de verse como un trampolín, como un medio para alcanzar unas metas más lejanas. Pero el muro, la ventana o la puerta –como tantas y tantas imágenes que han desfilado por mis telas – no dejan sin embargo de estar en ellas, y estoy muy lejos de intentar escamotearlas. Con esto quiero decir que no pienso que las imágenes, en mis obras, hayan de considerarse como una mera excusa indiferente en que apoyar unos ingredientes plásticos, como se dice que fueron por ejemplo los «asuntos» para los impresionistas o fauves, «asuntos» de los cuales, se añade a veces, se liberaron ya del todo los artistas abstractos o informalistas posteriores. Mis muros, ventanas o puertas –o cuando menos su sugerencia –, al contrario, siguen en pie sin eludir responsabilidades y con toda su carga arquetípica o simbólica.
¿Se trata quizá de un retorno al «asunto»? La respuesta ha de ser nuevamente ambigua. Hoy sabemos que en la estructura de la comunicación artística las cosas, mágicamente, a veces están y no están, aparecen y desaparecen, van de unas a otras, se entrelazan, desencadenan asociaciones... ¡todo es posible! Porque todo ocurre en un campo infinitamente más grande que el que delimita la medida del cuadro o de lo que hay materialmente en el cuadro. Porque éste es únicamente un soporte que invita al contemplador a participar en el juego mucho más amplio de las mil y una visiones y sentimientos: el talismán que alza o derrumba los muros en rincones más profundos de nuestro espíritu, que abre y cierra a veces las puertas y ventanas en las construcciones de nuestra impotencia, de nuestra esclavitud o de nuestra libertad. El «asunto» puede hallarse, pues, en el cuadro o puede estar únicamente en la cabeza del espectador.
Si tengo que hacer la historia de cómo se fue concretando en mí la consciencia de este poder evocador de las imágenes murales, he de remontarme muy lejos. Son recuerdos que vienen de mi adolescencia y de mi primera juventud encerrada entre los muros en que viví las guerras. Todo el drama que sufrían los adultos y todas las crueles fantasías de una edad que, en medio de tantas catástrofes, parecía abandonada a sus propios impulsos, se dibujaban y quedaban inscritos a mi alrededor. Todos los muros de una ciudad, que por tradición familiar me parecía tan mía, fueron testigos de todos los martirios y de todos los retrasos inhumanos que eran infligidos a nuestro pueblo.
Sin embargo, no cabe duda de que los recuerdos culturales aumentaron naturalmente el acento de esta experiencia. Y desde todas las divulgaciones arqueológicas que fui absorbiendo hasta los consejos de Da Vinci, desde todas las destrucciones de Dada hasta las fotos de Brassaï, todo esto contribuyó -y no es de extrañar- a que ya las primeras obras de 1945 tuviesen algo que ver con los graffiti de la calle y con todo un mundo de protesta reprimida, clandestina, pero llena de vida, que también circulaba por los muros de mi país. Más tarde llegó «la hora de la soledad». Y en mi reducida habitación-estudio comenzaron los cuarenta días de un desierto que no sé si terminó. Con un ensañamiento desesperado y febril llevé la experimentación formal a unos grados de maníaco. Cada tela era un campo de batalla en el que las heridas se iban multiplicando cada vez más hasta el infinito. Y entonces acaeció la sorpresa. Todo aquel movimiento frenético, toda aquella gesticulación, todo aquel dinamismo inacabable, a fuerza de arañazos, de golpes, de cicatrices, de divisiones y subdivisiones que infligía a cada milímetro, a cada centésima de milímetro de la materia, provocaron súbitamente el salto cualitativo. El ojo ya no percibía las diferencias. Todo se unía en una masa uniforme. Lo que fue ebullición ardiente se transformaba en silencio estático. Fue una gran lección de humildad recibida por la soberbia del desenfreno.
Y un día traté de llegar directamente al silencio con más resignación, rindiéndome a la fatalidad que gobierna toda lucha profunda. Los millones de furiosos zarpazos se convirtieron en millones de granos de polvo, de arena... Ante mí se abrió de repente un nuevo paisaje, igual que en la historia del que atraviesa el espejo, corno para comunicarme la interioridad más secreta de las cosas. Toda una nueva geografía me iluminó de sorpresa en sorpresa. Sugestión de raras combinaciones y estructuras rnoleculares, de fenómenos atómicos, del mundo de las galaxias, de imágenes del microscopio.
Simbolismo del polvo -«confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad, es decir, la profundidad interna entre el hombre y la naturaleza» (Tao Te King)–, de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvernos, de la solidaridad que brota al ver que la diferencia que hay entre nosotros es la misma que hay entre dos granos de arena... y la sorpresa más sensacional fue descubrir un día de repente que mis cuadros, por primera vez en la historia, se habían convertido en muros.
¿Por qué extraño proceso había llegado a unas imágenes tan precisas? ¿Y por qué, como primer espectador, me hicieron temblar de emoción? Evidentemente, nada surge de la nada y todo había de tener una explicación. ¿Era la culminación de un proceso de fatiga causado por la proliferación de un fácil tachismo en todo el mundo? ¿Una reacción para salir de todos los informalismos anárquicos? ¿Un intento de escapar de los excesos abstractos y un afán por algo más concreto? ¿Veía acaso con aquello la posibilidad de tocar terrenos aún más primordiales, los elementos más extremadamente puros, más esenciales de la pintura, que los maestros de la generación anterior me habían estimulado a buscar? Quizás a otro artista todo le habría pasado más o menos inadvertido, o habría sido más o menos transitorio. Pero, ¿cómo podía no marcarme a mí? ¡Curioso destino de mi nombre! Parecía que se cumpliera en mí el extraño presagio que unos años antes había oído explicar a un adepto de las ciencias ocultas sobre la influencia de nuestro nombre en el propio carácter y en el propio destino. La cuestión es que en poco tiempo torné consciencia de una serie de posibles experimentaciones que, en años sucesivos, me apasionaron cada vez más y que sin duda tuvieron también sus frutos .Y su resonancia más o menos grande en todo mundo del arte.
¡Cuántas sugerencias pueden desprenderse de la imagen del muro y de todas sus posibles derivaciones! Separación, enclaustramiento, muro de lamentación, de cárcel, testimonio del paso del tiempo; superficies lisas, serenas, blancas; superficies torturadas, viejas, decrépitas; señales de huellas humanas, de objetos, de los elementos naturales; sensación de lucha de esfuerzo; de destrucción, de cataclismo; o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor, de dolor, de asco, de desorden; prestigio romántico de las ruinas; aportación de elementos orgánicos, formas sugerentes de ritmos naturales y del movimiento espontáneo de la materia; sentido paisajístico, sugestión de la unidad primordial de todas las cosas; materia generalizada; afirmación y estimación de la cosa terrena; posibilidad de distribución variada y combinada de grandes masas, sensación de caída, de hundimiento, de expansión, de concentración; rechazo del mundo, contemplación interior, aniquilación de las pasiones, silencio, muerte; desgarramientos y torturas, cuerpos descuartizados, restos humanos; equivalencias de sonidos, rasguños, raspaduras, explosiones, tiros, golpes, martilleos, gritos, resonancias, ecos en el espacio; meditación de un tema cósmico, reflexión para la contemplación de la tierra, del magma, de la lava, de la ceniza; campo de batalla; jardín; terreno de juego; destino de lo efímero... y tantas y tantas ideas que se me fueron presentando una tras otra como las cerezas que sacamos de una cesta. ¡Y tantas y tantas cosas que parecían emparentarme con orgullo a filosofías y sabidurías tan apreciadas por mí!
Qué gran sorpresa tuve, por ejemplo, al saber posteriormente que la obra de Bodhidharma, fundador del Zen, se llamó: Contemplación del muro en el Mahayana. Que los templos del Zen tenían jardines de arena formando estrías o franjas parecidas a los surcos de algunos de mis cuadros. Que los orientales ya habían definido determinados elementos o sentimientos en la obra de arte que inconscientemente afloraban entonces en mi espíritu: los ingredientes Sabi, Wabi, Aware, Yugen... Que en la meditación búdica buscan igualmente un apoyo en unas Kasinas consistentes a veces tierra colocada en un marco, en un agujero, en una pared, en materia carbonizada...
¿Puede seguir llamándose muros a todo lo que he hecho?
Lejos del cliché que la gente se forma del artista, con todo su bagaje de necesaria originalidad, personalidad, estilo, etc., que hace que las obras hablen de puertas afuera, para el autor hay, ante todo, un núcleo de pensamiento más anónimo, colectivo, del cual sólo es un modesto servidor. Es seguramente la zona donde está depositada la sabiduría que en realidad se encuentra por debajo de todas las ideologías y las fatales contingencias del mundo. Es el impulso de nuestro instinto de vida, de conocimiento, de amor, de libertad, que ha sido conservado y vivificado por la sabiduría de siempre. Las formas en que se concreta, imprescindibles sin duda para la captación de sus mensajes, son el episodio obligado de las propias leyes de crecimiento que tiene el arte en cada momento dado. La imagen del muro, con todas sus innumerables resonancias, constituye, naturalmente, uno de estos episodios. Pero si alguna importancia tiene en la historia de los encadenamientos estilísticos, no puede ser otra que la de haber reflejado por un momento este patrimonio común que todos los hombres creamos en momentos de profundidad durante el curso de los siglos y sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula. Y donde los estilos, las escuelas, las tendencias, los ismos, las fórmulas y los mismos muros no son, por sí solos, ninguna garantía de una expresión auténtica.
Antoni Tàpies
Nota: Texto escrito en 1969 y solicitado por la revista Essais para un número dedicado a temas en torno del muro, como formas de expresión del arte contemporáneo.
La larga noche;
el son del agua
dice lo que pienso.
GOCHIKU
Siempre que me han pedido explicaciones sobre lo que llaman mis muros, ventanas o puertas, procuro aclarar inmediatamente que en realidad he hecho menos muros, ventanas o puertas de las que se imagina la gente.
Mi respuesta se puede interpretar en un doble sentido. Primero, como una protesta, o como una invitación a que mis muros, ventanas o puertas –que, de todas maneras, pueden muy bien estar en mis cuadros – sean tomadas fundamentalmente como una organización artística. En segundo lugar, como una advertencia al hecho de que estas imágenes, en mis intenciones, como en la mayoría de las obras de arte, jamás han sido un fin en sí mismas, sino que han de verse como un trampolín, como un medio para alcanzar unas metas más lejanas. Pero el muro, la ventana o la puerta –como tantas y tantas imágenes que han desfilado por mis telas – no dejan sin embargo de estar en ellas, y estoy muy lejos de intentar escamotearlas. Con esto quiero decir que no pienso que las imágenes, en mis obras, hayan de considerarse como una mera excusa indiferente en que apoyar unos ingredientes plásticos, como se dice que fueron por ejemplo los «asuntos» para los impresionistas o fauves, «asuntos» de los cuales, se añade a veces, se liberaron ya del todo los artistas abstractos o informalistas posteriores. Mis muros, ventanas o puertas –o cuando menos su sugerencia –, al contrario, siguen en pie sin eludir responsabilidades y con toda su carga arquetípica o simbólica.
¿Se trata quizá de un retorno al «asunto»? La respuesta ha de ser nuevamente ambigua. Hoy sabemos que en la estructura de la comunicación artística las cosas, mágicamente, a veces están y no están, aparecen y desaparecen, van de unas a otras, se entrelazan, desencadenan asociaciones... ¡todo es posible! Porque todo ocurre en un campo infinitamente más grande que el que delimita la medida del cuadro o de lo que hay materialmente en el cuadro. Porque éste es únicamente un soporte que invita al contemplador a participar en el juego mucho más amplio de las mil y una visiones y sentimientos: el talismán que alza o derrumba los muros en rincones más profundos de nuestro espíritu, que abre y cierra a veces las puertas y ventanas en las construcciones de nuestra impotencia, de nuestra esclavitud o de nuestra libertad. El «asunto» puede hallarse, pues, en el cuadro o puede estar únicamente en la cabeza del espectador.
Si tengo que hacer la historia de cómo se fue concretando en mí la consciencia de este poder evocador de las imágenes murales, he de remontarme muy lejos. Son recuerdos que vienen de mi adolescencia y de mi primera juventud encerrada entre los muros en que viví las guerras. Todo el drama que sufrían los adultos y todas las crueles fantasías de una edad que, en medio de tantas catástrofes, parecía abandonada a sus propios impulsos, se dibujaban y quedaban inscritos a mi alrededor. Todos los muros de una ciudad, que por tradición familiar me parecía tan mía, fueron testigos de todos los martirios y de todos los retrasos inhumanos que eran infligidos a nuestro pueblo.
Sin embargo, no cabe duda de que los recuerdos culturales aumentaron naturalmente el acento de esta experiencia. Y desde todas las divulgaciones arqueológicas que fui absorbiendo hasta los consejos de Da Vinci, desde todas las destrucciones de Dada hasta las fotos de Brassaï, todo esto contribuyó -y no es de extrañar- a que ya las primeras obras de 1945 tuviesen algo que ver con los graffiti de la calle y con todo un mundo de protesta reprimida, clandestina, pero llena de vida, que también circulaba por los muros de mi país. Más tarde llegó «la hora de la soledad». Y en mi reducida habitación-estudio comenzaron los cuarenta días de un desierto que no sé si terminó. Con un ensañamiento desesperado y febril llevé la experimentación formal a unos grados de maníaco. Cada tela era un campo de batalla en el que las heridas se iban multiplicando cada vez más hasta el infinito. Y entonces acaeció la sorpresa. Todo aquel movimiento frenético, toda aquella gesticulación, todo aquel dinamismo inacabable, a fuerza de arañazos, de golpes, de cicatrices, de divisiones y subdivisiones que infligía a cada milímetro, a cada centésima de milímetro de la materia, provocaron súbitamente el salto cualitativo. El ojo ya no percibía las diferencias. Todo se unía en una masa uniforme. Lo que fue ebullición ardiente se transformaba en silencio estático. Fue una gran lección de humildad recibida por la soberbia del desenfreno.
Y un día traté de llegar directamente al silencio con más resignación, rindiéndome a la fatalidad que gobierna toda lucha profunda. Los millones de furiosos zarpazos se convirtieron en millones de granos de polvo, de arena... Ante mí se abrió de repente un nuevo paisaje, igual que en la historia del que atraviesa el espejo, corno para comunicarme la interioridad más secreta de las cosas. Toda una nueva geografía me iluminó de sorpresa en sorpresa. Sugestión de raras combinaciones y estructuras rnoleculares, de fenómenos atómicos, del mundo de las galaxias, de imágenes del microscopio.
Simbolismo del polvo -«confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad, es decir, la profundidad interna entre el hombre y la naturaleza» (Tao Te King)–, de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvernos, de la solidaridad que brota al ver que la diferencia que hay entre nosotros es la misma que hay entre dos granos de arena... y la sorpresa más sensacional fue descubrir un día de repente que mis cuadros, por primera vez en la historia, se habían convertido en muros.
¿Por qué extraño proceso había llegado a unas imágenes tan precisas? ¿Y por qué, como primer espectador, me hicieron temblar de emoción? Evidentemente, nada surge de la nada y todo había de tener una explicación. ¿Era la culminación de un proceso de fatiga causado por la proliferación de un fácil tachismo en todo el mundo? ¿Una reacción para salir de todos los informalismos anárquicos? ¿Un intento de escapar de los excesos abstractos y un afán por algo más concreto? ¿Veía acaso con aquello la posibilidad de tocar terrenos aún más primordiales, los elementos más extremadamente puros, más esenciales de la pintura, que los maestros de la generación anterior me habían estimulado a buscar? Quizás a otro artista todo le habría pasado más o menos inadvertido, o habría sido más o menos transitorio. Pero, ¿cómo podía no marcarme a mí? ¡Curioso destino de mi nombre! Parecía que se cumpliera en mí el extraño presagio que unos años antes había oído explicar a un adepto de las ciencias ocultas sobre la influencia de nuestro nombre en el propio carácter y en el propio destino. La cuestión es que en poco tiempo torné consciencia de una serie de posibles experimentaciones que, en años sucesivos, me apasionaron cada vez más y que sin duda tuvieron también sus frutos .Y su resonancia más o menos grande en todo mundo del arte.
¡Cuántas sugerencias pueden desprenderse de la imagen del muro y de todas sus posibles derivaciones! Separación, enclaustramiento, muro de lamentación, de cárcel, testimonio del paso del tiempo; superficies lisas, serenas, blancas; superficies torturadas, viejas, decrépitas; señales de huellas humanas, de objetos, de los elementos naturales; sensación de lucha de esfuerzo; de destrucción, de cataclismo; o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor, de dolor, de asco, de desorden; prestigio romántico de las ruinas; aportación de elementos orgánicos, formas sugerentes de ritmos naturales y del movimiento espontáneo de la materia; sentido paisajístico, sugestión de la unidad primordial de todas las cosas; materia generalizada; afirmación y estimación de la cosa terrena; posibilidad de distribución variada y combinada de grandes masas, sensación de caída, de hundimiento, de expansión, de concentración; rechazo del mundo, contemplación interior, aniquilación de las pasiones, silencio, muerte; desgarramientos y torturas, cuerpos descuartizados, restos humanos; equivalencias de sonidos, rasguños, raspaduras, explosiones, tiros, golpes, martilleos, gritos, resonancias, ecos en el espacio; meditación de un tema cósmico, reflexión para la contemplación de la tierra, del magma, de la lava, de la ceniza; campo de batalla; jardín; terreno de juego; destino de lo efímero... y tantas y tantas ideas que se me fueron presentando una tras otra como las cerezas que sacamos de una cesta. ¡Y tantas y tantas cosas que parecían emparentarme con orgullo a filosofías y sabidurías tan apreciadas por mí!
Qué gran sorpresa tuve, por ejemplo, al saber posteriormente que la obra de Bodhidharma, fundador del Zen, se llamó: Contemplación del muro en el Mahayana. Que los templos del Zen tenían jardines de arena formando estrías o franjas parecidas a los surcos de algunos de mis cuadros. Que los orientales ya habían definido determinados elementos o sentimientos en la obra de arte que inconscientemente afloraban entonces en mi espíritu: los ingredientes Sabi, Wabi, Aware, Yugen... Que en la meditación búdica buscan igualmente un apoyo en unas Kasinas consistentes a veces tierra colocada en un marco, en un agujero, en una pared, en materia carbonizada...
¿Puede seguir llamándose muros a todo lo que he hecho?
Lejos del cliché que la gente se forma del artista, con todo su bagaje de necesaria originalidad, personalidad, estilo, etc., que hace que las obras hablen de puertas afuera, para el autor hay, ante todo, un núcleo de pensamiento más anónimo, colectivo, del cual sólo es un modesto servidor. Es seguramente la zona donde está depositada la sabiduría que en realidad se encuentra por debajo de todas las ideologías y las fatales contingencias del mundo. Es el impulso de nuestro instinto de vida, de conocimiento, de amor, de libertad, que ha sido conservado y vivificado por la sabiduría de siempre. Las formas en que se concreta, imprescindibles sin duda para la captación de sus mensajes, son el episodio obligado de las propias leyes de crecimiento que tiene el arte en cada momento dado. La imagen del muro, con todas sus innumerables resonancias, constituye, naturalmente, uno de estos episodios. Pero si alguna importancia tiene en la historia de los encadenamientos estilísticos, no puede ser otra que la de haber reflejado por un momento este patrimonio común que todos los hombres creamos en momentos de profundidad durante el curso de los siglos y sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula. Y donde los estilos, las escuelas, las tendencias, los ismos, las fórmulas y los mismos muros no son, por sí solos, ninguna garantía de una expresión auténtica.
Antoni Tàpies
Nota: Texto escrito en 1969 y solicitado por la revista Essais para un número dedicado a temas en torno del muro, como formas de expresión del arte contemporáneo.
Etiquetas:
SOBRE LA CREACIÓN ARTÍSTICA -OTROS AUTORES-
en
5/21/2009 04:06:00 p. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
viernes, 1 de mayo de 2009
WILLIAM SHAKESPEARE -CITAS Y PROVERBIOS-
William Shakespeare
1564-1616. Escritor británico.
Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.
No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.
En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.
No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.
Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.
De lo que tengo miedo es de tu miedo.
Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto.
Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre. Quien se atreva a más es insensato.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
Ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil.
No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así.
Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida.
Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas.
Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza.
Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.
Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente.
El amor de los jóvenes no esta en el corazón, sino en los ojos.
Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión.
Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo.
Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.
Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar.
Sea como fuere lo que pienses, creo que es mejor decirlo con buenas palabras.
En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser.
Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien.
Ten más de lo que muestras; habla menos de lo que sabes.
Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.
El aspecto exterior pregona muchas veces la condición interior del hombre.
Mi corona está en el corazón, no en mi cabeza.
El pasado es un prólogo.
El amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.
La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara.
No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.
Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.
A mayor talento, en la mujer, mayor indocilidad.
Nosotros debemos nuestra vida a dios, por eso si se la pagamos hoy, no se la deberemos mañana.
La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.
La brevedad es el alma del ingenio.
Fuertes razones, hacen fuertes acciones.
Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro, las funde.
El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
Prudente padre es el que conoce a su hijo.
La memoria es el centinela del cerebro.
Ligerezas como el aire son para el celoso fuertes confirmaciones, como un testimonio de las Sagradas Escrituras.
Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo.
Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso las horas y el tiempo pasan.
No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después.
Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados.
Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.
La lealtad tiene un corazón tranquilo.
El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
Es amor bien pobre el que puede evaluarse.
El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos; dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje.
No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.
El cansancio ronca sobre los guijarros; en tanto que la pereza halla dura la almohada de pluma.
La mente del hombre es de mármol; la de la mujer de cera.
Es excelente tener la fuerza de un gigante, pero es tiránico usarla como un gigante.
El traje denota muchas veces al hombre.
Si dos cabalgan en un caballo, uno debe ir detrás.
El desdichado no tiene otra medicina que la esperanza.
Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.
Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.
El que muere paga todas sus deudas.
Nadie admira la celeridad, como no sea el negligente.
El que gusta de ser adulado es digno del adulador.
En un minuto hay muchos días.
Asume una virtud si no la tienes.
Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.
La fortuna llega en algunos barcos que no son guiados.
Las medidas templadas, que equivalen a remedios prudentes, son hartamente nocivas cuando el mal es violento.
William Shakespeare
1564-1616. Escritor británico.
Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.
No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.
En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.
No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.
Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.
De lo que tengo miedo es de tu miedo.
Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto.
Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre. Quien se atreva a más es insensato.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
Ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil.
No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así.
Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida.
Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas.
Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza.
Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.
Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente.
El amor de los jóvenes no esta en el corazón, sino en los ojos.
Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión.
Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo.
Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.
Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar.
Sea como fuere lo que pienses, creo que es mejor decirlo con buenas palabras.
En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser.
Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien.
Ten más de lo que muestras; habla menos de lo que sabes.
Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.
El aspecto exterior pregona muchas veces la condición interior del hombre.
Mi corona está en el corazón, no en mi cabeza.
El pasado es un prólogo.
El amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.
La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara.
No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.
Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.
A mayor talento, en la mujer, mayor indocilidad.
Nosotros debemos nuestra vida a dios, por eso si se la pagamos hoy, no se la deberemos mañana.
La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.
La brevedad es el alma del ingenio.
Fuertes razones, hacen fuertes acciones.
Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro, las funde.
El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
Prudente padre es el que conoce a su hijo.
La memoria es el centinela del cerebro.
Ligerezas como el aire son para el celoso fuertes confirmaciones, como un testimonio de las Sagradas Escrituras.
Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo.
Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso las horas y el tiempo pasan.
No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después.
Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados.
Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.
La lealtad tiene un corazón tranquilo.
El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
Es amor bien pobre el que puede evaluarse.
El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos; dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje.
No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.
El cansancio ronca sobre los guijarros; en tanto que la pereza halla dura la almohada de pluma.
La mente del hombre es de mármol; la de la mujer de cera.
Es excelente tener la fuerza de un gigante, pero es tiránico usarla como un gigante.
El traje denota muchas veces al hombre.
Si dos cabalgan en un caballo, uno debe ir detrás.
El desdichado no tiene otra medicina que la esperanza.
Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.
Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.
El que muere paga todas sus deudas.
Nadie admira la celeridad, como no sea el negligente.
El que gusta de ser adulado es digno del adulador.
En un minuto hay muchos días.
Asume una virtud si no la tienes.
Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.
La fortuna llega en algunos barcos que no son guiados.
Las medidas templadas, que equivalen a remedios prudentes, son hartamente nocivas cuando el mal es violento.
William Shakespeare
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CITAS Y PROVERBIOS -OTROS AUTORES-
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5/01/2009 11:07:00 a. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
jueves, 30 de abril de 2009
LAO-TSÉ -CITAS Y PROVERBIOS-
Lao-tsé
570 aC-490 aC. Filósofo chino considerado el fundador del taoísmo.
Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás.
Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad.
El que sabe no habla, el que habla no sabe.
Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes.
El sabio no enseña con palabras, sino con actos.
Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.
Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe.
El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla.
Si no puedes avanzar una pulgada, retrocede un pie.
Lo que le da su valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes.
La manera de hacer es ser.
Gobierna mejor quien gobierna menos.
El valor de un acto se juzga por su oportunidad.
El que está satisfecho con su parte es rico.
Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil.
Dios no recibe respuestas con palabras.
Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte.
La perfección del que imparte órdenes es ser pacífico; del que combate, carecer de cólera; del que quiere vencer, no luchar; del que se sirve de los hombres, ponerse por debajo de ellos.
Si practicas la equidad, aunque mueras no perecerás.
La excelencia de un gobierno no se juzga por su orden.
El que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil.
Poca fe se otorga a los que tienen poca fe.
570 aC-490 aC. Filósofo chino considerado el fundador del taoísmo.
Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás.
Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad.
El que sabe no habla, el que habla no sabe.
Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes.
El sabio no enseña con palabras, sino con actos.
Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.
Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe.
El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla.
Si no puedes avanzar una pulgada, retrocede un pie.
Lo que le da su valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes.
La manera de hacer es ser.
Gobierna mejor quien gobierna menos.
El valor de un acto se juzga por su oportunidad.
El que está satisfecho con su parte es rico.
Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil.
Dios no recibe respuestas con palabras.
Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte.
La perfección del que imparte órdenes es ser pacífico; del que combate, carecer de cólera; del que quiere vencer, no luchar; del que se sirve de los hombres, ponerse por debajo de ellos.
Si practicas la equidad, aunque mueras no perecerás.
La excelencia de un gobierno no se juzga por su orden.
El que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil.
Poca fe se otorga a los que tienen poca fe.
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4/30/2009 05:36:00 p. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
RABINDRANATH TAGORE -CITAS-
Rabindranath Tagore
1861-1941. Filósofo y escritor indio.
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.
El Amor es el significado ultimado de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación.
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.
Convertid un árbol en leña y podrá arder para vosotros; pero ya no producirá flores ni frutos.
Dormía..., dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir... y el servir era alegría.
Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.
Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas.
Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo.
La verdad no está de parte de quién grite más.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.
¡He perdido mi gotita de rocío!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas.
Para los hombres, aceptar es dar; para las mujeres, dar es recibir.
La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos.
El benefactor llama a la puerta, pero el que ama la encuentra abierta.
Hacer preguntas es prueba de que se piensa.
El hombre en su esencia no debe ser esclavo, ni de sí mismo, ni de los otros, sino un amante. Su único fin está en el amor.
El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen.
Sólo yo tengo el derecho de corregir, pues sólo puede castigar quien ama.
Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera.
Llevo dentro de mí mismo un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás.
Cada niño que viene al mundo nos dice: "Dios aún espera del hombre".
La vida es la constante sorpresa de saber que existo.
¡Cómo pinta el deseo los colores del iris en las nieblas de la vida!
La tierra es insultada y ofrece sus flores como respuesta.
La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada.
El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno.
Tú no ves lo que eres, sino su sombra.
No es tarea fácil dirigir a hombres; empujarlos, en cambio, es muy sencillo.
La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos.
Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin.
Leemos mal el mundo, y decimos luego que nos engaña.
No hay más que una historia: La historia del hombre. Todas las historias nacionales no son más que capítulos de la mayor.
Qué pequeña eres brizna de hierba. Sí, pero tengo toda la Tierra a mis pies.
Un entendimiento todo lógica es como un cuchillo de hoja sola, que hiere la mano de su dueño.
Llevo en mi mundo que florece todos los mundos que han fracasado.
Engarza en oro las alas del pájaro y nunca más volará al cielo.
La patria no es la tierra. Sin embargo, los hombres que la tierra nutre son la patria.
Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno.
Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene.
El entendimiento agudo y sin grandeza, lo pincha todo, pero nada mueve.
Los hechos son muchos, pero la verdad es una.
El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio.
Rabindranath Tagore
1861-1941. Filósofo y escritor indio.
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.
El Amor es el significado ultimado de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación.
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.
Convertid un árbol en leña y podrá arder para vosotros; pero ya no producirá flores ni frutos.
Dormía..., dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir... y el servir era alegría.
Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.
Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas.
Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo.
La verdad no está de parte de quién grite más.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.
¡He perdido mi gotita de rocío!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas.
Para los hombres, aceptar es dar; para las mujeres, dar es recibir.
La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos.
El benefactor llama a la puerta, pero el que ama la encuentra abierta.
Hacer preguntas es prueba de que se piensa.
El hombre en su esencia no debe ser esclavo, ni de sí mismo, ni de los otros, sino un amante. Su único fin está en el amor.
El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen.
Sólo yo tengo el derecho de corregir, pues sólo puede castigar quien ama.
Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera.
Llevo dentro de mí mismo un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás.
Cada niño que viene al mundo nos dice: "Dios aún espera del hombre".
La vida es la constante sorpresa de saber que existo.
¡Cómo pinta el deseo los colores del iris en las nieblas de la vida!
La tierra es insultada y ofrece sus flores como respuesta.
La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada.
El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno.
Tú no ves lo que eres, sino su sombra.
No es tarea fácil dirigir a hombres; empujarlos, en cambio, es muy sencillo.
La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos.
Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin.
Leemos mal el mundo, y decimos luego que nos engaña.
No hay más que una historia: La historia del hombre. Todas las historias nacionales no son más que capítulos de la mayor.
Qué pequeña eres brizna de hierba. Sí, pero tengo toda la Tierra a mis pies.
Un entendimiento todo lógica es como un cuchillo de hoja sola, que hiere la mano de su dueño.
Llevo en mi mundo que florece todos los mundos que han fracasado.
Engarza en oro las alas del pájaro y nunca más volará al cielo.
La patria no es la tierra. Sin embargo, los hombres que la tierra nutre son la patria.
Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno.
Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene.
El entendimiento agudo y sin grandeza, lo pincha todo, pero nada mueve.
Los hechos son muchos, pero la verdad es una.
El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio.
Rabindranath Tagore
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4/30/2009 05:04:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
miércoles, 29 de abril de 2009
ONITSURA -HAIKUS-
¡La brisa refrescante!
Una mujer con el cabello despeinado
mira para otro lado.
***
Una pared delgada
me separa de la lluvia.
Lirios en flor.
***
En Fushimi, al fondo
de las casas de los comerciantes
canta una codorniz.
***
“¡Oh!”, y de nuevo“¡Oh!”…
El canto inagotable
de los pájaros.
***
Por entre la niebla
se aprecia la luminosidad
del puente de Yodo.
***
Los que traen la campana
vienen caminando desde lejos.
Niebla de primavera.
***
¡Este frío
hace florecer
palabras de luz!
***
En algunos lugares
ya puede verse
el agua del deshielo.
***
He comido “pescado globo”,
y, después de eso,
ha nevado.
***
La lluvia de primavera
ha descargado hoy
como si no fuera a haber más días.
***
El canto verde
del uguisu
en la copa del árbol.
***
Buscaré hilos de voz
en el fondo
de la lluvia primaveral.
***
Al alba, en la punta
de las espigas de cebada
la escarcha de primavera.
***
Campos verdes de trigo.
La alondra asciende y…
¡zas! súbitamente desciende.
***
Los juncos secos:
el suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa.
***
Con las lluvias de verano,
en la piedra de aplastar el sushi,
una babosa.
Onitsura
Una mujer con el cabello despeinado
mira para otro lado.
***
Una pared delgada
me separa de la lluvia.
Lirios en flor.
***
En Fushimi, al fondo
de las casas de los comerciantes
canta una codorniz.
***
“¡Oh!”, y de nuevo“¡Oh!”…
El canto inagotable
de los pájaros.
***
Por entre la niebla
se aprecia la luminosidad
del puente de Yodo.
***
Los que traen la campana
vienen caminando desde lejos.
Niebla de primavera.
***
¡Este frío
hace florecer
palabras de luz!
***
En algunos lugares
ya puede verse
el agua del deshielo.
***
He comido “pescado globo”,
y, después de eso,
ha nevado.
***
La lluvia de primavera
ha descargado hoy
como si no fuera a haber más días.
***
El canto verde
del uguisu
en la copa del árbol.
***
Buscaré hilos de voz
en el fondo
de la lluvia primaveral.
***
Al alba, en la punta
de las espigas de cebada
la escarcha de primavera.
***
Campos verdes de trigo.
La alondra asciende y…
¡zas! súbitamente desciende.
***
Los juncos secos:
el suave ondular de las olas
de la ensenada de Naniwa.
***
Con las lluvias de verano,
en la piedra de aplastar el sushi,
una babosa.
Onitsura
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HAIKUS -OTROS AUTORES-
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4/29/2009 01:40:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
CHIYO-NI -HAIKUS-
Roza
el hilo de la caña de pescar
la luna en verano.
***
Como la nieve
mi pálido reflejo
en el agua.
***
Todo lo que recogemos
en la playa de marea baja
se mueve.
***
Sin niño que se acerque
las paredes de papel
están frías.
***
En el llano y la montaña
todo parece inmóvil
esta mañana nevada.
***
Si por las mañanas se cierran
las campanillas en flor,
¡es por el odio de los hombres!
***
En las lluvias de primavera
todas las cosas
son más bellas.
***
La rama en flor del ciruelo
otorga perfume
al que la corta.
***
Del violeta de las nubes
al morado de los iris
se dirige mi pensamiento.
***
¡Luciérnagas, luciérnagas!
Por el río
las tinieblas pasan.
***
Habiendo observado la luna
parto de esta vida
con una bendición.
***
El agua se cristaliza.
Las luciérnagas se apagan.
Nada existe.
el hilo de la caña de pescar
la luna en verano.
***
Como la nieve
mi pálido reflejo
en el agua.
***
Todo lo que recogemos
en la playa de marea baja
se mueve.
***
Sin niño que se acerque
las paredes de papel
están frías.
***
En el llano y la montaña
todo parece inmóvil
esta mañana nevada.
***
Si por las mañanas se cierran
las campanillas en flor,
¡es por el odio de los hombres!
***
En las lluvias de primavera
todas las cosas
son más bellas.
***
La rama en flor del ciruelo
otorga perfume
al que la corta.
***
Del violeta de las nubes
al morado de los iris
se dirige mi pensamiento.
***
¡Luciérnagas, luciérnagas!
Por el río
las tinieblas pasan.
***
Habiendo observado la luna
parto de esta vida
con una bendición.
***
El agua se cristaliza.
Las luciérnagas se apagan.
Nada existe.
Chiyo-ni
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HAIKUS -OTROS AUTORES-
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4/29/2009 01:15:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
CENTRO
Contiene el solo punto la nada toda… ¿Dónde está el punto? ¿Importa acaso? Concentración de todas las ausencias dentro de la semilla de todo lo posible y lo imposible. ¿Ausencia, dices, de lo que fue, ausencia de lo que no ha sido? El centro…
El centro. La espiral sabe todos sus secretos, de ellos se alimenta, los expresa con la celebración de su vuelta a empezar, por los alrededores del vacío…
Hacía ti todo se vacía, Centro. Todo lo haces girar para que el mundo se renueve regresando desnudo hacia sí mismo, su esencia, despojando a la inercia de su futilidad. El mundo gira, así, dejando que la luz encuentre en su viraje la evolución perfecta de la nada.
Luis Ángel Barquín
El centro. La espiral sabe todos sus secretos, de ellos se alimenta, los expresa con la celebración de su vuelta a empezar, por los alrededores del vacío…
Hacía ti todo se vacía, Centro. Todo lo haces girar para que el mundo se renueve regresando desnudo hacia sí mismo, su esencia, despojando a la inercia de su futilidad. El mundo gira, así, dejando que la luz encuentre en su viraje la evolución perfecta de la nada.
Luis Ángel Barquín
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POEMAS EN PROSA
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4/29/2009 01:06:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
TIEMPO
En sueños cruzo un puente. Quiero ir al otro lado. Tal vez allí te encuentre si acaso tú me esperas.
Sí, vengo de muy lejos y llevo mucho tiempo caminando. El puente parece seguro; no obstante siento vértigo.
Cuando mi corazón late despacio, escucho un rodar de oscuras aguas bajo mis pies y a mis costados.
Atrás dejé la tierra ¿firme? Delante de mí, nada conocido. Me despedí de todo lo querido, de todo lo logrado, de todo lo creído. ¿Qué busco? No lo sé; tan sólo avanzo.
El puente a veces se llena de gente; nunca consigo ver sus caras; hablan en una extraña lengua. Caminan muy deprisa, sin tocarse, hacia la misma orilla a la que me dirijo. Me pareció al principio que formaban un grupo, ¡pero no!: no se conocen entre sí; tampoco me conocen.
Es un puente larguísimo… Se estrecha a veces tanto que sólo en fila india podemos avanzar. Otras, se ensancha enormemente y no consigo distinguir sus bordes y detengo mis pasos para escuchar las aguas: me llega débil su rodar, un susurro, desde ambos costados.
¡Ay, puente, ay, llevo tanto cruzándote! ¡Tanto, quizá, soñando que te cruzo! A lo mejor no hay sitio a donde ir, no hacen falta los pasos…
Las seductoras aguas cautivan mi atención, y el húmedo rumor de su corriente asciende hasta mis manos.
Una lluvia desciende, silenciosa, anegando este instante… Y mi mirada no distingue ya la orilla que dejé, de la otra orilla -mi destino o meta-.
De repente no hay puente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy no sé dónde estoy
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy tampoco me importa.
Luis Ángel Barquín
Sí, vengo de muy lejos y llevo mucho tiempo caminando. El puente parece seguro; no obstante siento vértigo.
Cuando mi corazón late despacio, escucho un rodar de oscuras aguas bajo mis pies y a mis costados.
Atrás dejé la tierra ¿firme? Delante de mí, nada conocido. Me despedí de todo lo querido, de todo lo logrado, de todo lo creído. ¿Qué busco? No lo sé; tan sólo avanzo.
El puente a veces se llena de gente; nunca consigo ver sus caras; hablan en una extraña lengua. Caminan muy deprisa, sin tocarse, hacia la misma orilla a la que me dirijo. Me pareció al principio que formaban un grupo, ¡pero no!: no se conocen entre sí; tampoco me conocen.
Es un puente larguísimo… Se estrecha a veces tanto que sólo en fila india podemos avanzar. Otras, se ensancha enormemente y no consigo distinguir sus bordes y detengo mis pasos para escuchar las aguas: me llega débil su rodar, un susurro, desde ambos costados.
¡Ay, puente, ay, llevo tanto cruzándote! ¡Tanto, quizá, soñando que te cruzo! A lo mejor no hay sitio a donde ir, no hacen falta los pasos…
Las seductoras aguas cautivan mi atención, y el húmedo rumor de su corriente asciende hasta mis manos.
Una lluvia desciende, silenciosa, anegando este instante… Y mi mirada no distingue ya la orilla que dejé, de la otra orilla -mi destino o meta-.
De repente no hay puente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy no sé dónde estoy
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy tampoco me importa.
Luis Ángel Barquín
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POEMAS EN PROSA
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4/29/2009 01:01:00 p. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
sábado, 18 de abril de 2009
UNA SOLA PALABRA
Una palabra basta; escoge una. Y tómate tu tiempo para hacerlo, aunque mucho no tienes. Esa palabra es tuya, pues sólo tú la sientes -entre todos los hombres y mujeres, y entre todas las palabras posibles- como tu propio signo, como tu sola espada ante la muerte.
Una sola palabra... Podría ser tu nombre. Acaso el de tu amante, el de tu amado. Podría ser el nombre de tu padre, de tu hermano o tu hija. El nombre de tu amigo, el de tu Dios. Tal vez el nombre de la nada…
…O quizás un pronombre, un verbo, un adjetivo: él; amar; misteriosa…
...Acaso un sustantivo: luz, agua, pájaro, milagro, muro.
Y deja que, en el fondo de tus sueños, se amase la palabra; que trepe por tu aliento; que cobre forma única revelando su esencia musical a tus oídos. Deja que tu garganta se enamore de ella. Entrégale tu voz o tu silencio.
No te preocupes. Ella, a su vez, te busca para sentirse ala. Con sus letras unidas como plumas del pájaro que en el aire alcanzase su sola realidad, se posará después, cansada, entre tus labios, satisfecha de ser la errante flecha de tu alma, que virará su punta hacia la nada cuando tú ya no quieras regresar.
Luis Ángel Barquín
Una sola palabra... Podría ser tu nombre. Acaso el de tu amante, el de tu amado. Podría ser el nombre de tu padre, de tu hermano o tu hija. El nombre de tu amigo, el de tu Dios. Tal vez el nombre de la nada…
…O quizás un pronombre, un verbo, un adjetivo: él; amar; misteriosa…
...Acaso un sustantivo: luz, agua, pájaro, milagro, muro.
Y deja que, en el fondo de tus sueños, se amase la palabra; que trepe por tu aliento; que cobre forma única revelando su esencia musical a tus oídos. Deja que tu garganta se enamore de ella. Entrégale tu voz o tu silencio.
No te preocupes. Ella, a su vez, te busca para sentirse ala. Con sus letras unidas como plumas del pájaro que en el aire alcanzase su sola realidad, se posará después, cansada, entre tus labios, satisfecha de ser la errante flecha de tu alma, que virará su punta hacia la nada cuando tú ya no quieras regresar.
Luis Ángel Barquín
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POEMAS EN PROSA
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4/18/2009 12:49:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
BUENOS AÑOS
Los buenos años de la vida... Pasan muy pronto. Transportan en su seno las semillas intactas para alcanzar el fruto más buscado. Sólo en ellos consigo deshacer y hacer de nuevo el tiempo, trenes mágicos. Es el azar su única certeza. La posibilidad, en sus dominios, siempre tiene dos caras. Y las muestra.
Años para mirar sin urgencia por ver, habitar el contacto con lo que me rodea y me traspasa –latitud–, reconocer mi propia vida, su valor, como un puente o un ala o un camino para ser disfrutados, hacia un cero común donde todos cabemos.
Son años que nos buscan para ser fecundados, que esperan de nosotros el hálito más puro y los virajes más sentidos de nuestro mejor vuelo, ya sin alas.
Esos años no están garantizados. No son míos, nunca lo han sido. No lo serán... Algo los sitúa bajo mis pies, alrededor de mí o sobre mi espalda, como materia orgánica invisible para abonar el alma hasta su centro, hasta que el cuerpo sea –al tiempo– flecha y arco, diana y arquero.
Luis Ángel Barquín
Años para mirar sin urgencia por ver, habitar el contacto con lo que me rodea y me traspasa –latitud–, reconocer mi propia vida, su valor, como un puente o un ala o un camino para ser disfrutados, hacia un cero común donde todos cabemos.
Son años que nos buscan para ser fecundados, que esperan de nosotros el hálito más puro y los virajes más sentidos de nuestro mejor vuelo, ya sin alas.
Esos años no están garantizados. No son míos, nunca lo han sido. No lo serán... Algo los sitúa bajo mis pies, alrededor de mí o sobre mi espalda, como materia orgánica invisible para abonar el alma hasta su centro, hasta que el cuerpo sea –al tiempo– flecha y arco, diana y arquero.
Luis Ángel Barquín
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4/18/2009 12:47:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
miércoles, 1 de abril de 2009
TRAKL-WEBERN -POEMAS MÍSTICOS-
Para voz y cuatro instrumentos
Diario asoma el amarillo sol en la colina.
Bello es el bosque, el oscuro animal, el hombre,
cazador o pastor.
Rojo se eleva en el estanque verde el pez.
Bajo el redondo cielo el pescador desliza
su barca azul.
Maduran lentos la uva, el grano.
Al extinguirse quietamente el día
el bien y el mal ya son.
Cuando la noche cae, el caminante
alza despacio sus pesados párpados.
Rompe desde un sombrío abismo el sol.
Trakl-Webern (Versión de José Ángel Valente)
Diario asoma el amarillo sol en la colina.
Bello es el bosque, el oscuro animal, el hombre,
cazador o pastor.
Rojo se eleva en el estanque verde el pez.
Bajo el redondo cielo el pescador desliza
su barca azul.
Maduran lentos la uva, el grano.
Al extinguirse quietamente el día
el bien y el mal ya son.
Cuando la noche cae, el caminante
alza despacio sus pesados párpados.
Rompe desde un sombrío abismo el sol.
Trakl-Webern (Versión de José Ángel Valente)
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4/01/2009 11:48:00 a. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
lunes, 30 de marzo de 2009
FORMA
-Tai Chi; Introducción a la Forma de Yang Chen Fu de 108 movimientos–
A la Escuela Wu Chi
La esencia está madura: se divierte
cuidando de la forma…
… Su energía circula; o se detiene
y, por amor, rebosa.
El cauce del presente
hace sutil la pausa. Sin demora,
al viajero conduce con su leve
y mágico timón sobre las olas
de una mar sin orillas.
XXXXXXXXXXxXXXXXxxxEn mi vientre,
una estrella sin luz abre su boca:
mi vida entra en mi muerte;
la forma, en la no-forma.
Luis Ángel Barquín
A la Escuela Wu Chi
La esencia está madura: se divierte
cuidando de la forma…
… Su energía circula; o se detiene
y, por amor, rebosa.
El cauce del presente
hace sutil la pausa. Sin demora,
al viajero conduce con su leve
y mágico timón sobre las olas
de una mar sin orillas.
XXXXXXXXXXxXXXXXxxxEn mi vientre,
una estrella sin luz abre su boca:
mi vida entra en mi muerte;
la forma, en la no-forma.
Luis Ángel Barquín
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3/30/2009 05:27:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
ESPIRAL
A la Escuela Wu Chi, por su 8º. aniversario
Te mueves
por un camino limpio,
certero,
bordeando el círculo
que no se cierra nunca.
Te hundes y alzas,
desde ti misma,
hallando el equilibrio
que armoniza tu escucha
con tu necesidad
-cielo con tierra-.
El azar es tu amigo,
circunferencia
que sabes
permanecer igual
sin repetirte,
sin agotarte.
Luis Ángel Barquín
Te mueves
por un camino limpio,
certero,
bordeando el círculo
que no se cierra nunca.
Te hundes y alzas,
desde ti misma,
hallando el equilibrio
que armoniza tu escucha
con tu necesidad
-cielo con tierra-.
El azar es tu amigo,
circunferencia
que sabes
permanecer igual
sin repetirte,
sin agotarte.
Luis Ángel Barquín
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3/30/2009 05:25:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
SENSIBILIDAD DE QI
A la Escuela Wu Chi
En tu mano se oculta una estrella…
Misteriosa, no brilla,
su oscura luz es sombra
a punto de estallar…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxDeja que prenda
su incipiente fulgor
en tu pulso, y –sin ojos–
te guíe
xxxxxxxa través de la sangre
hacia tu propia luz.
Luis Ángel Barquín
En tu mano se oculta una estrella…
Misteriosa, no brilla,
su oscura luz es sombra
a punto de estallar…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxDeja que prenda
su incipiente fulgor
en tu pulso, y –sin ojos–
te guíe
xxxxxxxa través de la sangre
hacia tu propia luz.
Luis Ángel Barquín
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3/30/2009 05:20:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
VENUS
Al principio de todo, él miraba su ausencia, la de ella. El día no era día sin la luz de ella, prometida. Una calma de noche solitaria invadía los días, desde el alba al ocaso, como toda respuesta.
Arrojaba sus olas, incansable, el mar hacia la orilla, donde el hombre esperaba su destino sobre una roca, inmóvil. Él miraba su hueco, sin sombra todavía. Una clara inminencia flotaba en las mareas. El rodar de los astros en la noche sin luna, clamaba cual latido dentro del corazón, sin pulso casi.
Y en la paz de una noche interminable, las aguas dieron fruto. De su vientre, brotaron la materia y el hálito, la línea y la armonía. Fueron desvaneciéndose las sombras lentamente, a la vez que una estrella surgía del océano. Sobre la estrella, un ser extraño e íntimo, rotundo y delicado, de pie permanecía como imagen incógnita. Él sentía una parte de sí mismo reflejada en la imagen, evidencia de un abrazo futuro u olvidado.
Las pupilas del hombre captaron su color y le abrieron el paso hacia su sed. Ella, estrella, mujer y atmósfera encantada, daba cuerpo a la luz y aliento a la belleza.
Él supo en ese instante que era hombre por ella, que siempre estuvo ella, transparente, con él, como su pulso o su respiración. Y supo que ella era su parte más hermosa, inteligente y fértil.
Él supo en ese instante que ella estaba, perpetua, al tiempo dentro y fuera de su alma, su cuerpo, su memoria.
Luis Ángel Barquín
Arrojaba sus olas, incansable, el mar hacia la orilla, donde el hombre esperaba su destino sobre una roca, inmóvil. Él miraba su hueco, sin sombra todavía. Una clara inminencia flotaba en las mareas. El rodar de los astros en la noche sin luna, clamaba cual latido dentro del corazón, sin pulso casi.
Y en la paz de una noche interminable, las aguas dieron fruto. De su vientre, brotaron la materia y el hálito, la línea y la armonía. Fueron desvaneciéndose las sombras lentamente, a la vez que una estrella surgía del océano. Sobre la estrella, un ser extraño e íntimo, rotundo y delicado, de pie permanecía como imagen incógnita. Él sentía una parte de sí mismo reflejada en la imagen, evidencia de un abrazo futuro u olvidado.
Las pupilas del hombre captaron su color y le abrieron el paso hacia su sed. Ella, estrella, mujer y atmósfera encantada, daba cuerpo a la luz y aliento a la belleza.
Él supo en ese instante que era hombre por ella, que siempre estuvo ella, transparente, con él, como su pulso o su respiración. Y supo que ella era su parte más hermosa, inteligente y fértil.
Él supo en ese instante que ella estaba, perpetua, al tiempo dentro y fuera de su alma, su cuerpo, su memoria.
Luis Ángel Barquín
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3/30/2009 05:17:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
martes, 24 de marzo de 2009
ES PRIMAVERA
Es primavera.
xxxxxxxxxxxxLa luz abre el espacio a la mirada.
Los pájaros regresan…
Los árboles, algunos, sienten cómo se rompe su corteza con brotes nuevos. Las hojas van pintando, de colores dinámicos, los parques, bosques, plazas y jardines.
Arácnidos, insectos y otros seres minúsculos tejen la leve vida del detalle: zumbidos, picaduras, hileras por doquier, innumerables patas, alas y antenas, en frenesí, prosperan.
Ha anidado un dulzor en el seno del aire y en él renueva el hálito sus alas que esparcen el amor en invisibles pompas.
Crecientes, las jornadas recorren los caminos en longitud y anchura, invitando al viaje o al recreo.
Pareciera que la pobreza ocultaba un tesoro de semillas en los puños vacíos del invierno… El sol nos mira más de cerca ahora, y las sombras, más cálidas, se van posando sobre nuestros párpados, mientras miramos las figuras, los objetos, las gentes…, o con ellos soñamos.
Despiertan los amantes… Dos miradas se cruzan y se abrazan. Sus pupilas dan luz al negro fuego que expele el corazón, que en la garganta hornea la palabra sencilla, no pensada, sentida. Visten los labios un temblor de beso, cercano, de otros labios.
La magnitud del pecho busca el límite de su respiración.
La piel descubre la caricia del aire, su latitud desnuda, el cuerpo de la luz.
Corren las aguas como lo hacen los niños, en todas direcciones, inundando el presente.
La flor es la oración. Da su perfume corazón al hombre, que entiende, sin palabras, el júbilo de dar.
Luis Ángel Barquín
xxxxxxxxxxxxLa luz abre el espacio a la mirada.
Los pájaros regresan…
Los árboles, algunos, sienten cómo se rompe su corteza con brotes nuevos. Las hojas van pintando, de colores dinámicos, los parques, bosques, plazas y jardines.
Arácnidos, insectos y otros seres minúsculos tejen la leve vida del detalle: zumbidos, picaduras, hileras por doquier, innumerables patas, alas y antenas, en frenesí, prosperan.
Ha anidado un dulzor en el seno del aire y en él renueva el hálito sus alas que esparcen el amor en invisibles pompas.
Crecientes, las jornadas recorren los caminos en longitud y anchura, invitando al viaje o al recreo.
Pareciera que la pobreza ocultaba un tesoro de semillas en los puños vacíos del invierno… El sol nos mira más de cerca ahora, y las sombras, más cálidas, se van posando sobre nuestros párpados, mientras miramos las figuras, los objetos, las gentes…, o con ellos soñamos.
Despiertan los amantes… Dos miradas se cruzan y se abrazan. Sus pupilas dan luz al negro fuego que expele el corazón, que en la garganta hornea la palabra sencilla, no pensada, sentida. Visten los labios un temblor de beso, cercano, de otros labios.
La magnitud del pecho busca el límite de su respiración.
La piel descubre la caricia del aire, su latitud desnuda, el cuerpo de la luz.
Corren las aguas como lo hacen los niños, en todas direcciones, inundando el presente.
La flor es la oración. Da su perfume corazón al hombre, que entiende, sin palabras, el júbilo de dar.
Luis Ángel Barquín
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3/24/2009 10:47:00 a. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
jueves, 19 de marzo de 2009
ISSA -HAIKUS-
El hirugao
crece en dirección
a las piedras ardientes
***
¡Cómo se precipitan
a por su comida de mediodía
las alondras!
***
Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!
***
Estar tan vivo…
¡Qué cosa tan misteriosa...!
A la sombra de los cerezos
***
Sobreviviendo a mis seres queridos,
obstinado en sobrevivir…
¡Y muerto de frío!
***
Un Buda a la intemperie
De la nariz le cuelgan…
los carámbanos
***
Un perrito se ha dormido
sujetando en la boca
la rama de un sauce
***
La tormenta de invierno
Una choza de prostitutas
de ésas que cuestan 24 monedas
***
El mosquito del dormitorio
con sólo un “fff”
se abrasó en el fuego
***
¡Un viento suave
se ha levantado
desde el canto de la cigarra!
***
Si había seres humanos,
había moscas…
y Budas
***
Oye, melón fresquito,
si alguien viene a comerte…
¡conviértete en rana!
***
Umm, parece sabrosa…
Esta nieve que cae
tan delicadamente…
Issa
crece en dirección
a las piedras ardientes
***
¡Cómo se precipitan
a por su comida de mediodía
las alondras!
***
Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!
***
Estar tan vivo…
¡Qué cosa tan misteriosa...!
A la sombra de los cerezos
***
Sobreviviendo a mis seres queridos,
obstinado en sobrevivir…
¡Y muerto de frío!
***
Un Buda a la intemperie
De la nariz le cuelgan…
los carámbanos
***
Un perrito se ha dormido
sujetando en la boca
la rama de un sauce
***
La tormenta de invierno
Una choza de prostitutas
de ésas que cuestan 24 monedas
***
El mosquito del dormitorio
con sólo un “fff”
se abrasó en el fuego
***
¡Un viento suave
se ha levantado
desde el canto de la cigarra!
***
Si había seres humanos,
había moscas…
y Budas
***
Oye, melón fresquito,
si alguien viene a comerte…
¡conviértete en rana!
***
Umm, parece sabrosa…
Esta nieve que cae
tan delicadamente…
Issa
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HAIKUS -OTROS AUTORES-
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3/19/2009 11:20:00 a. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
BUSON -HAIKUS-
Temprano anochecer...
Brillan las estrellas...
¡El campo seco!
***
Con la nieve
el ruido de algo que se rompe
¡La noche se hace más oscura!
***
En un viejo pozo,
el sonido oscuro de un pez
que salta para atrapar un mosquito
***
La brisa de la mañana:
¡Puede verse cómo sopla
en los pelos de la oruga!
***
Al caer en el agua
sus flores desaparecen
Ciruelo de la orilla
***
Hincando el hacha
me vi sorprendido por el olor
Bosque de invierno
***
Templo de Furudera
Una cazuela de barro tirada
entre las matas de perejil
***
Si la luna pasa al oeste
la sombra de las flores
avanza hacia el este
***
Se incorpora súbitamente el perro
y persigue al faisán
Templo de Takaradera
***
¡Ante la luna llena
un criado arroja
a un perrito!
***
Partiendo en dos a una serpiente,
cruzo el espacio del valle
Las hojas recién brotadas
***
Cede la noche
A la costa rocosa se acerca…
¡Una medusa!
***
Lluvia de primavera
Alguien que no escribe
profundamente emocionado
***
Como si no fuera de este mundo,
cogida con todo el corazón,
la mariposa
Buson
Brillan las estrellas...
¡El campo seco!
***
Con la nieve
el ruido de algo que se rompe
¡La noche se hace más oscura!
***
En un viejo pozo,
el sonido oscuro de un pez
que salta para atrapar un mosquito
***
La brisa de la mañana:
¡Puede verse cómo sopla
en los pelos de la oruga!
***
Al caer en el agua
sus flores desaparecen
Ciruelo de la orilla
***
Hincando el hacha
me vi sorprendido por el olor
Bosque de invierno
***
Templo de Furudera
Una cazuela de barro tirada
entre las matas de perejil
***
Si la luna pasa al oeste
la sombra de las flores
avanza hacia el este
***
Se incorpora súbitamente el perro
y persigue al faisán
Templo de Takaradera
***
¡Ante la luna llena
un criado arroja
a un perrito!
***
Partiendo en dos a una serpiente,
cruzo el espacio del valle
Las hojas recién brotadas
***
Cede la noche
A la costa rocosa se acerca…
¡Una medusa!
***
Lluvia de primavera
Alguien que no escribe
profundamente emocionado
***
Como si no fuera de este mundo,
cogida con todo el corazón,
la mariposa
Buson
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3/19/2009 11:11:00 a. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
viernes, 13 de marzo de 2009
TU DON
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXPara ti
Para que tú pudieras descubrirlo.
Para que lo reconocieras como raíz de tu existir.
Para que no tuvieras ya más que compararte con los otros, con nadie.
Para verte cual eres en los espejos limpios, en los ojos ajenos y en las aguas tranquilas.
Para saber que tienes unas alas, que las tuviste, que llegaste por aire y que te irás por él, con ellas, algún día.
Para sentir tu rumbo en los pliegues del tiempo.
Para esperar, tranquila, aquello que tal vez nunca llegue.
Para jugarte todo lo que tienes a una carta, sin miedo.
Para encontrar la perla donde nadie la busca.
Para llorar sin causa, o sonreír sin boca, o viajar sin espacio.
Para alcanzar la fe en la otra justicia.
Para saber que siempre habrá un amigo que escuche tu silencio.
Para vaciar tus manos una vez y otra vez.
Para mirar un poco más allá de lo visible y ver sin los ojos corrientes.
Para que nunca trates de comprenderlo todo.
Para aprender del niño que está afuera, de aquél que llevas dentro.
Para cuidarte mucho de otro modo, sin que tú te des cuenta.
Para que tú me cuides sin que tu amor lo sepa.
Para perder el tiempo, y encontrarte a ti misma en la pérdida.
Para tener aún aquello que entregaste.
Para sentir que sólo eres un hueco, irrepetible y lúdico, por el que el músico invisible deja caer sus notas y sus lágrimas cuando quiere gozar como por vez primera, o última…
Para que llegues a ser nadie,
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXacaso dueña de tu nada.
Para eso y más…
XXXXXXXXXXXXXXtu don nació contigo.
Luis Ángel Barquín
Para que tú pudieras descubrirlo.
Para que lo reconocieras como raíz de tu existir.
Para que no tuvieras ya más que compararte con los otros, con nadie.
Para verte cual eres en los espejos limpios, en los ojos ajenos y en las aguas tranquilas.
Para saber que tienes unas alas, que las tuviste, que llegaste por aire y que te irás por él, con ellas, algún día.
Para sentir tu rumbo en los pliegues del tiempo.
Para esperar, tranquila, aquello que tal vez nunca llegue.
Para jugarte todo lo que tienes a una carta, sin miedo.
Para encontrar la perla donde nadie la busca.
Para llorar sin causa, o sonreír sin boca, o viajar sin espacio.
Para alcanzar la fe en la otra justicia.
Para saber que siempre habrá un amigo que escuche tu silencio.
Para vaciar tus manos una vez y otra vez.
Para mirar un poco más allá de lo visible y ver sin los ojos corrientes.
Para que nunca trates de comprenderlo todo.
Para aprender del niño que está afuera, de aquél que llevas dentro.
Para cuidarte mucho de otro modo, sin que tú te des cuenta.
Para que tú me cuides sin que tu amor lo sepa.
Para perder el tiempo, y encontrarte a ti misma en la pérdida.
Para tener aún aquello que entregaste.
Para sentir que sólo eres un hueco, irrepetible y lúdico, por el que el músico invisible deja caer sus notas y sus lágrimas cuando quiere gozar como por vez primera, o última…
Para que llegues a ser nadie,
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXacaso dueña de tu nada.
Para eso y más…
XXXXXXXXXXXXXXtu don nació contigo.
Luis Ángel Barquín
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3/13/2009 06:05:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
EL OTRO
Parece que otro habita entre este cuerpo y su imagen en el espejo... ¿También mira la imagen a quien la está mirando? Tal vez, dices, y quedas flotando entre dos mundos, entre dos versos, entre dos palabras…
A veces, sientes que algo te ha observado, hace un instante, desde un lugar lejano y acaso familiar. Se estremece tu aliento. Tu pupila, creciente. Esperas la llegada, el paso, de otra estrella fugaz hacia tu ausencia, desde ti mismo.
Recuerdos de otras bocas, se acercan a tu oído. Te dicen, lentamente, en una lengua extraña, una sola palabra: “meditar”.
Miras en derredor de ti: te miran a la vez, desde todas las cosas, millones de reflejos de tu cuerpo, y ya no sabes cuál es el verdadero rostro que te distingue, si es que tienes alguno o lo tuviste.
Luis Ángel Barquín
A veces, sientes que algo te ha observado, hace un instante, desde un lugar lejano y acaso familiar. Se estremece tu aliento. Tu pupila, creciente. Esperas la llegada, el paso, de otra estrella fugaz hacia tu ausencia, desde ti mismo.
Recuerdos de otras bocas, se acercan a tu oído. Te dicen, lentamente, en una lengua extraña, una sola palabra: “meditar”.
Miras en derredor de ti: te miran a la vez, desde todas las cosas, millones de reflejos de tu cuerpo, y ya no sabes cuál es el verdadero rostro que te distingue, si es que tienes alguno o lo tuviste.
Luis Ángel Barquín
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3/13/2009 06:03:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
SOBRE LA POESÍA Y OTRAS ARTES -JOSÉ ÁNGEL VALENTE-
CINCO FRAGMENTOS PARA ANTONI TÀPIES.
Ut pictura
Mucha poesía ha sentido la tentación del silencio. Porque el poema tiende por naturaleza al silencio. O lo con tiene como materia natural. Poética: arte de la composición del silencio. Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio.
III
Tapies ha sentido explícitamente la obra de arte como «un simple apoyo de la meditación». Su arte tiene, en efecto, la textura de la meditación. Pero esa larga y pura meditación en que la obra de Tàpies consiste desemboca por un proceso que le es connatural en formas cada vez más desnudas de contemplación, entendida ésta como estado en que la experiencia se configura ante todo como experiencia de la unificación. El arte de Tàpies es, en definitiva, una soberana contemplación de la materia. Presencia radical de la materia que llega a la forma, pero que es sobre todo formación: formas que se disuelven a sí mismas en la nostalgia originaria de lo informe, de lo que en rigor es indiferente al cambio y puede, por tanto, cambiarse en todo, ser raíz infinita de todas las formas posibles.
No tiene sentido en el arte de Tàpies hablar de abstracción y de figuración. La forma no figura: es. La forma es la materia. La materia -la materia en el cuadro o en la composición- no es sustentáculo de nada sobreimpuesto. No es materia de ninguna forma sino forma absoluta de sí. Tal vez en lo moderno ningún artista haya llevado a más avanzado extremo ese proceso de unificación de la materia que sería a la vez un proceso de unificación con la materia misma: Être la matière!, escribió Flaubert.
Las formas «pobres» -cordeles, un bastón- o la memoria de las formas que la materia tuvo -huellas de unos pies, de unos dedos ensangrentados- señalan la irrupción total de la materia que las hace ser de nuevo con un ser que de su sola forma no tendrían. Tàpies devuelve así a la materia misma todo el movimiento de la creación. La meditación de Tàpies ha consistido en un largo, secreto, demorado esfuerzo para percibir el movimiento creador de la materia bajo la fijación, no sólo utilitaria sino «artística», de las formas. Y de ese esfuerzo, de esa radical aventura, nacen la tensión espiritual y el rigor, el inconfundible e inquietante rigor, de tantas composiciones suyas.
IV
Entrada radical en la materia, contemplación de la materia, la obra de Tàpies niega por su naturaleza misma toda ruptura entre espíritu y materia. Esa materia que antes de manifestarse ha sido nteriorizada, ha sido unificada y percibida en su espontáneo movimiento, se aproximaría mucho a lo que Novalis llama en el Himno I «lo más interior del alma de la vida» (Lebens innerste Seele). Este arte busca de nuevo la materia en su último ser y como radix ipsius. El cumplimiento de la obra (como sucedía en el saber antiguo de la alquimia) es tanto un proceso interior como el ejercicio visible de un arte. Porque el movimiento hacia el centro de la materia es también un movimiento hacia el centro de la interioridad. En el punto de llegada (o en el de partida para el antiguo saber) la materia es la materia·espíritu, la piedra neumática de los alquimistas o la piedra en la que «duerme una imagen», según un conocido texto de Nietzsche que Jung ha comentado. Sentir, en definitiva, la respiración o neuma de la materia. Tal vez no a otra cosa apuntaba Pieasso al afirmar: «Si se acerca un espejo a un verdadero cuadro, el espejo deberá cubrirse de vapor, de aliento vivo, porque el cuadro está vivo.»
Esa materia unificada y unificante con la que Tàpies obra está sembrada de símbolos. Él mismo ha contemplado, como saliéndose de sí, algunos de esos símbolos mayores. Tal es el caso del muro, asociado a su propio nombre, al que dedica «Comunicación sobre el muro», uno de sus más bellos textos teóricos, uno de los más bellos textos teóricos que en tierra nuestra las gentes de nuestra generación hayan escrito. Pero hay otro símbolo también asociado, si no al contenido sí a la grafía de su
nombre, sobre el que Tàpies, que yo sepa, no ha hablado. Un símbolo mayor, que reaparece constantemente en su obra y con el que tiende a fundirse la T inicial de su apellido: el símbolo de la cruz. Árbol axial, eje de la extensión y de la altura, la cruz es el símbolo unificador de la materia viva del mundo. No es ése un símbolo cristiano o lo es sólo en la medida en que a la vez se entienda que es precristiano y supracrístiano. Tal es la cruz que Tapies hinca en su materia. La cruz que constituye también una particular materia que él ha privilegiado, la materia tejida, la materia en que la urdimbre y la trama, visibles en el saco o en el grosor material de las telas espesas, son portadoras del inmemorial símbolo de la cruz, como ha señalado René Guénon en un libro mayor sobre este tema.
Presencia radical de la materia y de la respiración total de la materia, la obra de Tàpies cruz donde niega toda ruptura de espíritu y materia. Símbolo de esa negación o de la negación negada es la cruz, donde converge lo que se complementa, donde se integran los contrarios, donde el eje solsticial y el eje equinoccial se cruzan; donde lo activo y lo pasivo se fecundan y el yin y el yang se encuentran.
V
En 1974, Maeght imprime en París las 64 litografías con collages que componen el álbum titulado Cartes per a la Teresa. Lectura de sí mismo, lectura o interrogación del propio destino. Cartes per a la Teresa tiene calidad de secreto recinto, de muy ahondado interior desde cuyo centro Tàpies, con la rigurosa y absoluta pasión que le es propia, hace revertir a lo visible un misterioso canto al amor y a la vida. Cartas que se dirigen a un destinatario. Pero cartas que son a la vez naipes, y en los naipes echados cabe leer, como sabido es, el nombre del destino. Destinatario y destino se confunden: forman el nombre de Teresa. Canto de amor secreto que aquí se manifiesta sin perder su secreto, para que esta pintura se acerque así al punto máximo de realización de lo poético , es decir, de lo que manifestado sigue siendo siempre anterior a su manifestación y no queda agotado en ella.
Leer la obra de Tàpies quizá imponga en lo sucesivo como condición absoluta leer estas 64 litografías, donde acaso haya dejado el pintor lo más secreto de sus propios símbolos. Cartas-naipes; amor·destino. Bastos, copas, espadas y oros: trèfle, coeur, pique y carreau. Tàpies ha utilizado sobre todo las cartas de la baraja española, cuyas cuatro series llevan emblemas que se corresponden con los de todos los juegos de cartas conocidos. Porque todas las cartas hablan el mismo lenguaje o encierran la misma posible clave de un conocimiento intuitivo del universo. Por eso la palabra Tarot, escrita circularmente, se lee Rota: rueda, círculo, símbolo de la totalidad.
Tàpies no ha utilizado ninguna de las cartas del Tarot, salvo una, la primera de las 22 que constituyen los arcanos mayores. Esa carta se llama en francés el Bateleur o Pagad y en inglés el Magician o Juggler. Su nombre en la serie española, donde los arcanos mayores han desaparecido de las cartas de juego, sería el Prestidigitador o el Mago. Es éste el que abre el juego o el mundo y el que propone la cuádruple combinación de emblemas, la tétrada, las cuatro series de cartas conocidas. El Prestidigitador contiene, pues, el Mundo, el Tarot o la Rueda. No hay sin esa figura cartas echadas.
A este primero de los 22 arcanos corresponde, consciente o inconscientemente, la más misteriosa de las litografías recogida en Cartes per a la Teresa. Un formato alargado, un fondo negro y sobre éste, en lo alto, un gran pañuelo blanco que se pliega sobre sí mismo. Una línea de puntos baja hacia lo inferior y a un lado de ella hay cuatro cartas. Tres cartas tapadas y una carta vuelta. La carta vuelta es el dos de coeur. Blanco sobre negro, el Prestidigitador no visible parece proponerse en esta pura suspensión, antes de comenzar el juego o cuando el juego acaso ha concluido, un nuevo enigma insólito, mas sólo en apariencia insólito, en la obra de Tapies: el enigma de la inmaterialidad de la materia.
José Ángel Valente
I
Quizá el supremo, el solo ejercicio radical del arte sea un ejercicio de retracción. Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad .No es acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella. Crear es generar un estado de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista acaso crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación.
Dijo Dios: -Brote la Nada.
Y alzo la mano derecha
hasta ocultar la mirada.
Y quedó la Nada hecha.
El estado de creación es igual al wu-wei en la práctica del Tao: estado de no acción, de no interferencia, de atención suprema a los movimientos del universo y a la respiración de la materia. Sólo en ese estado de retracción sobreviene la forma, no como algo impuesto a la materia, sino como epifanía natural de ésta.
Y la materia para el artista no se sitúa nunca en lo exterior. Ocupa el espacio vacío de lo interior, el espacio generado por retracción, por no interferencia, donde 2 - 1 suele ser mayor que 2 + 1, según la ley de la adición negativa que Kandinsky, tan próximo, formuló.
Estado de creación y espacio de la creación. «Un día traté de llegar directamente al silencio», escribe Antoni Tàpies. El silencio o la nada. El lugar de la materia interiorizada. ¿Lugar de la iluminación?
II
Quizá el supremo, el solo ejercicio radical del arte sea un ejercicio de retracción. Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad .No es acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella. Crear es generar un estado de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista acaso crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación.
Dijo Dios: -Brote la Nada.
Y alzo la mano derecha
hasta ocultar la mirada.
Y quedó la Nada hecha.
El estado de creación es igual al wu-wei en la práctica del Tao: estado de no acción, de no interferencia, de atención suprema a los movimientos del universo y a la respiración de la materia. Sólo en ese estado de retracción sobreviene la forma, no como algo impuesto a la materia, sino como epifanía natural de ésta.
Y la materia para el artista no se sitúa nunca en lo exterior. Ocupa el espacio vacío de lo interior, el espacio generado por retracción, por no interferencia, donde 2 - 1 suele ser mayor que 2 + 1, según la ley de la adición negativa que Kandinsky, tan próximo, formuló.
Estado de creación y espacio de la creación. «Un día traté de llegar directamente al silencio», escribe Antoni Tàpies. El silencio o la nada. El lugar de la materia interiorizada. ¿Lugar de la iluminación?
II
Ut pictura
Mucha poesía ha sentido la tentación del silencio. Porque el poema tiende por naturaleza al silencio. O lo con tiene como materia natural. Poética: arte de la composición del silencio. Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio.
III
Tapies ha sentido explícitamente la obra de arte como «un simple apoyo de la meditación». Su arte tiene, en efecto, la textura de la meditación. Pero esa larga y pura meditación en que la obra de Tàpies consiste desemboca por un proceso que le es connatural en formas cada vez más desnudas de contemplación, entendida ésta como estado en que la experiencia se configura ante todo como experiencia de la unificación. El arte de Tàpies es, en definitiva, una soberana contemplación de la materia. Presencia radical de la materia que llega a la forma, pero que es sobre todo formación: formas que se disuelven a sí mismas en la nostalgia originaria de lo informe, de lo que en rigor es indiferente al cambio y puede, por tanto, cambiarse en todo, ser raíz infinita de todas las formas posibles.
No tiene sentido en el arte de Tàpies hablar de abstracción y de figuración. La forma no figura: es. La forma es la materia. La materia -la materia en el cuadro o en la composición- no es sustentáculo de nada sobreimpuesto. No es materia de ninguna forma sino forma absoluta de sí. Tal vez en lo moderno ningún artista haya llevado a más avanzado extremo ese proceso de unificación de la materia que sería a la vez un proceso de unificación con la materia misma: Être la matière!, escribió Flaubert.
Las formas «pobres» -cordeles, un bastón- o la memoria de las formas que la materia tuvo -huellas de unos pies, de unos dedos ensangrentados- señalan la irrupción total de la materia que las hace ser de nuevo con un ser que de su sola forma no tendrían. Tàpies devuelve así a la materia misma todo el movimiento de la creación. La meditación de Tàpies ha consistido en un largo, secreto, demorado esfuerzo para percibir el movimiento creador de la materia bajo la fijación, no sólo utilitaria sino «artística», de las formas. Y de ese esfuerzo, de esa radical aventura, nacen la tensión espiritual y el rigor, el inconfundible e inquietante rigor, de tantas composiciones suyas.
IV
Entrada radical en la materia, contemplación de la materia, la obra de Tàpies niega por su naturaleza misma toda ruptura entre espíritu y materia. Esa materia que antes de manifestarse ha sido nteriorizada, ha sido unificada y percibida en su espontáneo movimiento, se aproximaría mucho a lo que Novalis llama en el Himno I «lo más interior del alma de la vida» (Lebens innerste Seele). Este arte busca de nuevo la materia en su último ser y como radix ipsius. El cumplimiento de la obra (como sucedía en el saber antiguo de la alquimia) es tanto un proceso interior como el ejercicio visible de un arte. Porque el movimiento hacia el centro de la materia es también un movimiento hacia el centro de la interioridad. En el punto de llegada (o en el de partida para el antiguo saber) la materia es la materia·espíritu, la piedra neumática de los alquimistas o la piedra en la que «duerme una imagen», según un conocido texto de Nietzsche que Jung ha comentado. Sentir, en definitiva, la respiración o neuma de la materia. Tal vez no a otra cosa apuntaba Pieasso al afirmar: «Si se acerca un espejo a un verdadero cuadro, el espejo deberá cubrirse de vapor, de aliento vivo, porque el cuadro está vivo.»
Esa materia unificada y unificante con la que Tàpies obra está sembrada de símbolos. Él mismo ha contemplado, como saliéndose de sí, algunos de esos símbolos mayores. Tal es el caso del muro, asociado a su propio nombre, al que dedica «Comunicación sobre el muro», uno de sus más bellos textos teóricos, uno de los más bellos textos teóricos que en tierra nuestra las gentes de nuestra generación hayan escrito. Pero hay otro símbolo también asociado, si no al contenido sí a la grafía de su
nombre, sobre el que Tàpies, que yo sepa, no ha hablado. Un símbolo mayor, que reaparece constantemente en su obra y con el que tiende a fundirse la T inicial de su apellido: el símbolo de la cruz. Árbol axial, eje de la extensión y de la altura, la cruz es el símbolo unificador de la materia viva del mundo. No es ése un símbolo cristiano o lo es sólo en la medida en que a la vez se entienda que es precristiano y supracrístiano. Tal es la cruz que Tapies hinca en su materia. La cruz que constituye también una particular materia que él ha privilegiado, la materia tejida, la materia en que la urdimbre y la trama, visibles en el saco o en el grosor material de las telas espesas, son portadoras del inmemorial símbolo de la cruz, como ha señalado René Guénon en un libro mayor sobre este tema.
Presencia radical de la materia y de la respiración total de la materia, la obra de Tàpies cruz donde niega toda ruptura de espíritu y materia. Símbolo de esa negación o de la negación negada es la cruz, donde converge lo que se complementa, donde se integran los contrarios, donde el eje solsticial y el eje equinoccial se cruzan; donde lo activo y lo pasivo se fecundan y el yin y el yang se encuentran.
V
En 1974, Maeght imprime en París las 64 litografías con collages que componen el álbum titulado Cartes per a la Teresa. Lectura de sí mismo, lectura o interrogación del propio destino. Cartes per a la Teresa tiene calidad de secreto recinto, de muy ahondado interior desde cuyo centro Tàpies, con la rigurosa y absoluta pasión que le es propia, hace revertir a lo visible un misterioso canto al amor y a la vida. Cartas que se dirigen a un destinatario. Pero cartas que son a la vez naipes, y en los naipes echados cabe leer, como sabido es, el nombre del destino. Destinatario y destino se confunden: forman el nombre de Teresa. Canto de amor secreto que aquí se manifiesta sin perder su secreto, para que esta pintura se acerque así al punto máximo de realización de lo poético , es decir, de lo que manifestado sigue siendo siempre anterior a su manifestación y no queda agotado en ella.
Leer la obra de Tàpies quizá imponga en lo sucesivo como condición absoluta leer estas 64 litografías, donde acaso haya dejado el pintor lo más secreto de sus propios símbolos. Cartas-naipes; amor·destino. Bastos, copas, espadas y oros: trèfle, coeur, pique y carreau. Tàpies ha utilizado sobre todo las cartas de la baraja española, cuyas cuatro series llevan emblemas que se corresponden con los de todos los juegos de cartas conocidos. Porque todas las cartas hablan el mismo lenguaje o encierran la misma posible clave de un conocimiento intuitivo del universo. Por eso la palabra Tarot, escrita circularmente, se lee Rota: rueda, círculo, símbolo de la totalidad.
Tàpies no ha utilizado ninguna de las cartas del Tarot, salvo una, la primera de las 22 que constituyen los arcanos mayores. Esa carta se llama en francés el Bateleur o Pagad y en inglés el Magician o Juggler. Su nombre en la serie española, donde los arcanos mayores han desaparecido de las cartas de juego, sería el Prestidigitador o el Mago. Es éste el que abre el juego o el mundo y el que propone la cuádruple combinación de emblemas, la tétrada, las cuatro series de cartas conocidas. El Prestidigitador contiene, pues, el Mundo, el Tarot o la Rueda. No hay sin esa figura cartas echadas.
A este primero de los 22 arcanos corresponde, consciente o inconscientemente, la más misteriosa de las litografías recogida en Cartes per a la Teresa. Un formato alargado, un fondo negro y sobre éste, en lo alto, un gran pañuelo blanco que se pliega sobre sí mismo. Una línea de puntos baja hacia lo inferior y a un lado de ella hay cuatro cartas. Tres cartas tapadas y una carta vuelta. La carta vuelta es el dos de coeur. Blanco sobre negro, el Prestidigitador no visible parece proponerse en esta pura suspensión, antes de comenzar el juego o cuando el juego acaso ha concluido, un nuevo enigma insólito, mas sólo en apariencia insólito, en la obra de Tapies: el enigma de la inmaterialidad de la materia.
José Ángel Valente
en
3/13/2009 05:51:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
ENSEÑANZAS NATURALES
La vida me ha enseñado que si no encuentro mi propio ritmo natural para caminar en ella, no puedo equilibrar esfuerzo y disfrute, no avanzo con fluidez, y me extravío una y otra vez por los territorios de la culpa o la ambición.
La vida me ha enseñado a escuchar más mis sentimientos, a no ignorar mis anhelos ni temores, a confiar más en mi intuición y menos en la lógica, que siempre es prestada. Cuando lo hago, me uno a los demás, lo quiera o no, y se desarrolla la simiente de mi inteligencia, y me siento único sin creerme especial.
La vida me ha enseñado que es más saludable y útil dar antes de recibir. Me ha invitado a mirar primero si tengo algo valioso, puro, limpio, que ofrecer antes de pedir a los demás que me den su cariño, atención o apoyo. Si lo hago, muchas piezas de mi vida encajan con facilidad y alegría porque me enriquezco con la búsqueda y el cultivo de aquello que quiero compartir, y al ofrecerlo, al menos he podido disfrutarlo antes en soledad.
La vida me ha enseñado a mirar más allá de lo evidente para evitar la rutina de mis propias conclusiones, darme una sincera oportunidad de aprender de lo siempre nuevo, y acercarme un paso más hacia la inocencia de los sabios, tan ligera porque se han desprendido hasta de sus propias experiencias.
La vida me ha enseñado a saber esperar en un estado de paz alerta. En la espera, la vida es generosa y va mostrándome aquello que tengo, aquello de lo que puedo disfrutar, y aquello que me falta aún por alcanzar, e incluso si vale la pena alcanzarlo.
La vida me ha enseñado a reír con ganas cada día, a sonreír con franqueza cada hora, a ser feliz sin más cada minuto. Así, la risa me resulta algo natural, la sonrisa, algo esencial, la felicidad, un derecho inalienable y una deuda para conmigo mismo. El humor me permite, en primer lugar, no tomarme demasiado en serio a mí mismo, verme mejor desde fuera, y a la postre, me río menos de los demás, y más con ellos.
La vida me ha enseñado que el amor sin consciencia, es un arma letal que todos usamos o hemos usado alguna vez. De forma instintiva, huimos de aquellos que pretenden amarnos por la fuerza o de cualquier manera, sin sensibilidad. Un solo instante de no atención, puede matar, torturar, herir a otros o a la naturaleza esgrimiendo las mejores intenciones. También a nosotros mismos. Un único instante de atención plena, puede llenarnos de luz y hacernos comprender todo sin palabras, proporciona profundidad al amor, y sintoniza a los corazones.
La vida me ha enseñado a sentirme agradecido siempre, y saber cómo y cuándo expresarlo, a anhelar la luz sin dejar de valorar la sombra, a encontrar tesoros en lo insignificante y perfección en lo que creía sólo imperfecto, a escuchar cómo crecen las plantas, a contemplar cómo se visten las nubes, a soñar más despierto que dormido, a devolver de corazón y con mis propias riquezas lo recibido, y a recibir con sencillez los regalos, las críticas, las oportunidades únicas, y a agradecer sobre todo que los demás acepten mi ayuda, mis regalos, mi cariño, mis errores.
La vida me enseña continuamente tanto, que mi capacidad de absorción se ve desbordada cada día ante esa avalancha de saber natural, y apenas retengo unas pocas de sus enseñanzas. Jamás tendré verdadero derecho a culparla por haber aprendido poco o nada de ella. Sólo yo soy el responsable de tal desaprovechamiento, de semejante falta de comprensión.
La vida me ha enseñado que la principal causa de mi infelicidad es mi deseo de ser feliz. Lo soy con sólo darme cuenta de ello.
Luis Ángel Barquín
La vida me ha enseñado a escuchar más mis sentimientos, a no ignorar mis anhelos ni temores, a confiar más en mi intuición y menos en la lógica, que siempre es prestada. Cuando lo hago, me uno a los demás, lo quiera o no, y se desarrolla la simiente de mi inteligencia, y me siento único sin creerme especial.
La vida me ha enseñado que es más saludable y útil dar antes de recibir. Me ha invitado a mirar primero si tengo algo valioso, puro, limpio, que ofrecer antes de pedir a los demás que me den su cariño, atención o apoyo. Si lo hago, muchas piezas de mi vida encajan con facilidad y alegría porque me enriquezco con la búsqueda y el cultivo de aquello que quiero compartir, y al ofrecerlo, al menos he podido disfrutarlo antes en soledad.
La vida me ha enseñado a mirar más allá de lo evidente para evitar la rutina de mis propias conclusiones, darme una sincera oportunidad de aprender de lo siempre nuevo, y acercarme un paso más hacia la inocencia de los sabios, tan ligera porque se han desprendido hasta de sus propias experiencias.
La vida me ha enseñado a saber esperar en un estado de paz alerta. En la espera, la vida es generosa y va mostrándome aquello que tengo, aquello de lo que puedo disfrutar, y aquello que me falta aún por alcanzar, e incluso si vale la pena alcanzarlo.
La vida me ha enseñado a reír con ganas cada día, a sonreír con franqueza cada hora, a ser feliz sin más cada minuto. Así, la risa me resulta algo natural, la sonrisa, algo esencial, la felicidad, un derecho inalienable y una deuda para conmigo mismo. El humor me permite, en primer lugar, no tomarme demasiado en serio a mí mismo, verme mejor desde fuera, y a la postre, me río menos de los demás, y más con ellos.
La vida me ha enseñado que el amor sin consciencia, es un arma letal que todos usamos o hemos usado alguna vez. De forma instintiva, huimos de aquellos que pretenden amarnos por la fuerza o de cualquier manera, sin sensibilidad. Un solo instante de no atención, puede matar, torturar, herir a otros o a la naturaleza esgrimiendo las mejores intenciones. También a nosotros mismos. Un único instante de atención plena, puede llenarnos de luz y hacernos comprender todo sin palabras, proporciona profundidad al amor, y sintoniza a los corazones.
La vida me ha enseñado a sentirme agradecido siempre, y saber cómo y cuándo expresarlo, a anhelar la luz sin dejar de valorar la sombra, a encontrar tesoros en lo insignificante y perfección en lo que creía sólo imperfecto, a escuchar cómo crecen las plantas, a contemplar cómo se visten las nubes, a soñar más despierto que dormido, a devolver de corazón y con mis propias riquezas lo recibido, y a recibir con sencillez los regalos, las críticas, las oportunidades únicas, y a agradecer sobre todo que los demás acepten mi ayuda, mis regalos, mi cariño, mis errores.
La vida me enseña continuamente tanto, que mi capacidad de absorción se ve desbordada cada día ante esa avalancha de saber natural, y apenas retengo unas pocas de sus enseñanzas. Jamás tendré verdadero derecho a culparla por haber aprendido poco o nada de ella. Sólo yo soy el responsable de tal desaprovechamiento, de semejante falta de comprensión.
La vida me ha enseñado que la principal causa de mi infelicidad es mi deseo de ser feliz. Lo soy con sólo darme cuenta de ello.
Luis Ángel Barquín
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3/13/2009 03:46:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
APRENDIENDO -III- : EL CONTINUO APRENDIZAJE
Decía Don Juan Matus, indio yaqui, a su discípulo Carlos Castaneda -en alguno de los maravillosos y mágicos libros escritos por este último- que el ser humano, para bien o para mal, lo que hace durante toda su vida es fundamentalmente aprender.
Aprender para mal no requiere ir más allá de las consecuencias inmediatas derivadas de la propia acción, el aprendizaje. Con sólo dejarnos atrapar por el atractivo que ejerce sobre nosotros el placer –en forma de huida compulsiva del dolor, comodidad, seguridad, poder sobre los demás, orgullo, ausencia de compromiso, olvido de uno mismo, etc.- de la aproximación fácil, no participativa, a los cambios continuos de la vida, el aprendizaje de lo insano se adquiere de forma casi inmediata y, lo que es peor, pasa a formar parte de nuestro subconsciente para toda la vida en la mayor parte de nosotros.
Aprender para bien -entendiendo ‘para bien’ como lo saludable, lo que nos aporta serenidad, gratitud, contento, lo que nos permite madurar y adquirir responsabilidad sobre nuestra situación y lo que la ha originado, lo que nos vincula con los otros hombres y la naturaleza- nos resulta casi siempre arduo, incómodo, poco atractivo, porque siempre necesita nuestras agallas, el enfrentarnos con nosotros mismos, el hacer que nuestra energía aumente para encontrar después cómo canalizarla creativamente, el tener que pasar por comprender las cosas desde dentro, de corazón, participando activamente en ellas, y el quedarnos en muchas ocasiones desnudos emocionalmente, sin máscaras tras las que ocultar aquello de lo que nos avergonzamos.
Además, el aprender para bien supone ir más allá de lo inmediato y evidente, de las ideas prestadas, de la obsesión por el resultado rápido y ventajoso que predomina en nuestro mundo actual. Implica la desnutrición del ego, el disfrute del camino sin escudriñar posibles metas, la escucha, vigilancia e investigación diarias, la comprensión de que el presente es el único destino real y posible para cada uno de nosotros.
El aprender para bien tiene consecuencias, que no resultados, que tarde o temprano se manifiestan en nuestra cotidianeidad. En realidad, sus consecuencias nos siguen y terminan por pegarse a nosotros como la sombra que son de nuestro esmerado y saludable aprendizaje. Uno va disfrutando de cosas muy simples, al alcance de todos o casi todos: vivencias nada espectaculares ni de las que presumir como dar un paseo al atardecer, comer sin prisa con un buen amigo, escribir una carta a mano, preparar un guiso, darse un baño con sales, barrer el suelo de casa, fregar los platos, escuchar una pieza musical, cantar sin saber por qué, jugar al ajedrez, reparar una bicicleta averiada...
Cuando, sin darnos cuenta, van acumulándose estas pequeñas vivencias --piedrecillas corrientes- en nuestras manos, un día, de pronto, todas juntas se transforman en preciosas, y nos revelan la riqueza que se ocultaba en su interior, expuesta a la luz por el acto de gratitud de haberlas disfrutado plenamente cuando nos parecían tan sólo baratijas. Esta mutación de lo profano en sagrado es un regalo que no puede buscarse directamente ya que es esquivo a la ambición y la avaricia. No puede ‘hacerse’ nada para su consecución pues no es definible como objetivo, ni personal ni colectivamente. Se trata de una bendición o gracia que la naturaleza nos hace llegar por sorpresa, desconociéndose su esencia y forma hasta que se manifiesta. Los ojos para ver lo pequeño, lo cercano y lo natural, son raros de encontrar entre nosotros. El acto en sí de participar de lo ordinario, lo alcanzable en el aquí y ahora, encierra el reto, que es un primer regalo donde se oculta, en semilla, el disfrute por la dedicación, y el regalo consecuencial no fechado que nos llega en forma de comprensión plena, sin palabras, de la esencia de la vida.
Para aprender las cosas para bien, la escuela definitiva es la propia vida. Si nos resistimos a sus continuas enseñanzas, vamos simplemente alejándonos más y más de aquello que nunca podemos perder, que es por definición nuestra propia naturaleza, la que unifica todo. Nos sentimos, así, como la parte que se opone al todo, creyéndose superior a él, capaz de conquistarlo. En esa tesitura, nos convertimos en creadores de nuestro propio sufrimiento. También del ajeno, en cierta medida.
En ciertos lugares y épocas, se han fundado y fundan escuelas cuyo propósito último es el de ser representantes del mundo natural y sus enseñanzas. En dichas escuelas, aprender para bien es el denominador común de todas sus acciones y omisiones, sus palabras y silencios, sus misterios y elocuencias. Sus discípulos aprenden primero el arte de desaprender lo falso a través de la escucha y comprensión de su cuerpo, de su mente, en soledad y en la relación con los otros y el mundo. Ellos van apartando cuidadosamente de sí todo lo que dificulta su percepción sensorial de la realidad, llevando conciencia a lugares de sí mismos aún inhabitados, inexplorados. La meta diaria es el desarrollo del amor por uno mismo a través de la confianza en el maestro y en los demás compañeros discípulos. El fin último es la integración en la totalidad, el retorno a lo que nos une a todos, el reconocimiento de la propia naturaleza como la única verdad posible y la celebración de la parte cuando constata que es en realidad el todo.
Hoy me considero afortunado, y me siento agradecido, por formar parte de una escuela así, como la que en mis mejores sueños pude alguna vez vislumbrar. Me asombro cada día de cómo esta escuela, mi escuela, va creciendo en salud, transformándose en una certera representante de la vida, en un ámbito cada vez más limpio donde echar raíces y aprender con tranquilidad de uno mismo, de los compañeros, de nuestras relaciones allende sus límites. En nuestra escuela, vamos siendo más y más conscientes de lo que nos falta, descubriendo aquello que hemos siempre tenido a nuestro alcance para disfrutarlo en soledad o en compañía. En esta escuela no nos aferramos a la soledad, ni a las relaciones personales.
Cada relación es considerada también como una forma de autoconocimiento. Cada momento de soledad comprendida es un silencioso tesoro que podemos y queremos compartir con los demás.
Luis Ángel Barquín
Aprender para mal no requiere ir más allá de las consecuencias inmediatas derivadas de la propia acción, el aprendizaje. Con sólo dejarnos atrapar por el atractivo que ejerce sobre nosotros el placer –en forma de huida compulsiva del dolor, comodidad, seguridad, poder sobre los demás, orgullo, ausencia de compromiso, olvido de uno mismo, etc.- de la aproximación fácil, no participativa, a los cambios continuos de la vida, el aprendizaje de lo insano se adquiere de forma casi inmediata y, lo que es peor, pasa a formar parte de nuestro subconsciente para toda la vida en la mayor parte de nosotros.
Aprender para bien -entendiendo ‘para bien’ como lo saludable, lo que nos aporta serenidad, gratitud, contento, lo que nos permite madurar y adquirir responsabilidad sobre nuestra situación y lo que la ha originado, lo que nos vincula con los otros hombres y la naturaleza- nos resulta casi siempre arduo, incómodo, poco atractivo, porque siempre necesita nuestras agallas, el enfrentarnos con nosotros mismos, el hacer que nuestra energía aumente para encontrar después cómo canalizarla creativamente, el tener que pasar por comprender las cosas desde dentro, de corazón, participando activamente en ellas, y el quedarnos en muchas ocasiones desnudos emocionalmente, sin máscaras tras las que ocultar aquello de lo que nos avergonzamos.
Además, el aprender para bien supone ir más allá de lo inmediato y evidente, de las ideas prestadas, de la obsesión por el resultado rápido y ventajoso que predomina en nuestro mundo actual. Implica la desnutrición del ego, el disfrute del camino sin escudriñar posibles metas, la escucha, vigilancia e investigación diarias, la comprensión de que el presente es el único destino real y posible para cada uno de nosotros.
El aprender para bien tiene consecuencias, que no resultados, que tarde o temprano se manifiestan en nuestra cotidianeidad. En realidad, sus consecuencias nos siguen y terminan por pegarse a nosotros como la sombra que son de nuestro esmerado y saludable aprendizaje. Uno va disfrutando de cosas muy simples, al alcance de todos o casi todos: vivencias nada espectaculares ni de las que presumir como dar un paseo al atardecer, comer sin prisa con un buen amigo, escribir una carta a mano, preparar un guiso, darse un baño con sales, barrer el suelo de casa, fregar los platos, escuchar una pieza musical, cantar sin saber por qué, jugar al ajedrez, reparar una bicicleta averiada...
Cuando, sin darnos cuenta, van acumulándose estas pequeñas vivencias --piedrecillas corrientes- en nuestras manos, un día, de pronto, todas juntas se transforman en preciosas, y nos revelan la riqueza que se ocultaba en su interior, expuesta a la luz por el acto de gratitud de haberlas disfrutado plenamente cuando nos parecían tan sólo baratijas. Esta mutación de lo profano en sagrado es un regalo que no puede buscarse directamente ya que es esquivo a la ambición y la avaricia. No puede ‘hacerse’ nada para su consecución pues no es definible como objetivo, ni personal ni colectivamente. Se trata de una bendición o gracia que la naturaleza nos hace llegar por sorpresa, desconociéndose su esencia y forma hasta que se manifiesta. Los ojos para ver lo pequeño, lo cercano y lo natural, son raros de encontrar entre nosotros. El acto en sí de participar de lo ordinario, lo alcanzable en el aquí y ahora, encierra el reto, que es un primer regalo donde se oculta, en semilla, el disfrute por la dedicación, y el regalo consecuencial no fechado que nos llega en forma de comprensión plena, sin palabras, de la esencia de la vida.
Para aprender las cosas para bien, la escuela definitiva es la propia vida. Si nos resistimos a sus continuas enseñanzas, vamos simplemente alejándonos más y más de aquello que nunca podemos perder, que es por definición nuestra propia naturaleza, la que unifica todo. Nos sentimos, así, como la parte que se opone al todo, creyéndose superior a él, capaz de conquistarlo. En esa tesitura, nos convertimos en creadores de nuestro propio sufrimiento. También del ajeno, en cierta medida.
En ciertos lugares y épocas, se han fundado y fundan escuelas cuyo propósito último es el de ser representantes del mundo natural y sus enseñanzas. En dichas escuelas, aprender para bien es el denominador común de todas sus acciones y omisiones, sus palabras y silencios, sus misterios y elocuencias. Sus discípulos aprenden primero el arte de desaprender lo falso a través de la escucha y comprensión de su cuerpo, de su mente, en soledad y en la relación con los otros y el mundo. Ellos van apartando cuidadosamente de sí todo lo que dificulta su percepción sensorial de la realidad, llevando conciencia a lugares de sí mismos aún inhabitados, inexplorados. La meta diaria es el desarrollo del amor por uno mismo a través de la confianza en el maestro y en los demás compañeros discípulos. El fin último es la integración en la totalidad, el retorno a lo que nos une a todos, el reconocimiento de la propia naturaleza como la única verdad posible y la celebración de la parte cuando constata que es en realidad el todo.
Hoy me considero afortunado, y me siento agradecido, por formar parte de una escuela así, como la que en mis mejores sueños pude alguna vez vislumbrar. Me asombro cada día de cómo esta escuela, mi escuela, va creciendo en salud, transformándose en una certera representante de la vida, en un ámbito cada vez más limpio donde echar raíces y aprender con tranquilidad de uno mismo, de los compañeros, de nuestras relaciones allende sus límites. En nuestra escuela, vamos siendo más y más conscientes de lo que nos falta, descubriendo aquello que hemos siempre tenido a nuestro alcance para disfrutarlo en soledad o en compañía. En esta escuela no nos aferramos a la soledad, ni a las relaciones personales.
Cada relación es considerada también como una forma de autoconocimiento. Cada momento de soledad comprendida es un silencioso tesoro que podemos y queremos compartir con los demás.
Luis Ángel Barquín
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3/13/2009 03:43:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
APRENDIENDO -II- : EL MAESTRO
Confieso que me he topado con poquísimas personas de las que osaría decir: es un maestro. Un ser así llamado ostenta para mí la categoría de excepcional en clara alusión a los aspectos capitales de su existencia: su relación consigo mismo, su trato con los demás, su vínculo con la naturaleza partiendo de su integración en ella, el empleo de su energía, la comprensión de su genealogía y entorno inmediato, la creación del sentido de su vida y, por ende, de su muerte, y la búsqueda de sus propias respuestas, verbales y no verbales, frente a los enigmas del universo y sus problemas cotidianos.
Si únicamente advertimos las zonas periféricas de un maestro, puede resultarnos vulgar a la mayoría, o parecernos un excéntrico más, dispuesto a todo para no pasar desapercibido. Mas su núcleo es el de un dragón: apenas unos pocos saben en verdad cómo camina, por qué cielos vuela, dónde se tiende a descansar, con qué se alimenta, qué lo motiva, de dónde nace su fuego…
Lo denomino ser porque es una persona que, ante todo y todos, es ella misma cueste lo que cueste y le cueste. Se trata de un individuo real por su inquebrantable consagración a recorrer las vías que presiente propicias a su búsqueda de la dicha permanente o la comprensión plena no-mental, sin dejar por ello de disfrutar del camino recorrido. Lo llamo excepcional refiriéndome a su potencial humano: no es ya la mera semilla que prometía convertirse en hombre en un futuro vago y muy distante, sino que ha germinado como persona cabal, de trazo firme, y recorrido el suficiente trecho a plena luz del día como para darse cuenta de que no nació por un capricho cósmico, ni para satisfacer las expectativas de alguien. Su excepcionalidad es la confirmación de la promesa de destino común que habita en todos los humanos; destino que puede y debe nacer en nosotros, y que hemos de desarrollar cada cual a nuestra manera por derecho natural y compromiso con la totalidad.
El maestro ya nace como tal. Un buen día, siendo infante, niño, adolescente, joven, hombre maduro o anciano, notará que el barco que lo conduce hacia la muerte es la idea que tiene de su propia vida: el barco lo ha ido construyendo él mismo a base de órdenes recibidas, enseñanzas adquiridas, aprendizajes honestos, sueños ajenos, normas acatadas, placeres no comprendidos, deseos insanos, dolores persistentes, unos pocos ratos de gozo, y toneladas de sufrimiento. Entonces, saltará al mar desde ese barco, en el que viajaba con muchos otros homínidos, y caerá en su propio bote de remos. Comenzará a remar solo, sin perder de vista el barco por si acaso, y se sentirá extraño, libre, aterrado, y responsable por primera vez. Allí nacerá su maestría, que habrá de nutrir y cuidar momento a momento. A partir de entonces, intentará desarrollarse como hombre que siente que transporta y custodia un tesoro de incalculable valor sin revelar; tesoro que valdrá la pena descubrir en soledad, por sí mismo, para después disfrutarlo solo o acompañado.
Todas las cualidades y características hasta aquí mencionadas, sustentan y adornan al maestro en medida e intensidad suficientes como para poder ser distinguido entre cualquier gentío o colectivo humano. Cosa bien distinta es que él mismo decida adquirir notoriedad en ciertos escenarios o se decante hacia el anonimato casi absoluto. De cualquier manera, siempre será detectado por aquellos corazones y almas grandes, aptos para rastrear las huellas de sus pasos o proclives a deleitarse con las armonías de su silencio.
Aconsejado por su propia lucidez y guiado por las señales que su intuición distinga, un maestro puede decidir emprender el viaje de su pleno autoconocimiento a través de bosques inextricables, diáfanos desiertos o galerías subterráneas, llevando a cabo una vida corriente en el centro de la gran ciudad, desempeñando heroicas misiones en lugares recónditos o mediante la creación y vigilancia de un espacio sagrado donde personas afines e interdependientes puedan ayudarse en el cultivo de la salud, asimilada como su propia e ineludible rendición consciente a la naturaleza de la que forman parte.
El maestro sabe de su condición de discípulo de lo total, del universo o como queramos llamarlo. Aprende sin desmayo de todo y de todos. Está siempre tan dispuesto a descubrir las riquezas del mundo, que éstas se le revelan en múltiples formas y por canales inesperados. Un maestro es sólo un usufructuario de la energía: no la posee, no hace acopio de ella, se limita a usarla para su propio bienestar y el ajeno, y disfruta de ella, con ella, contemplando cómo la energía da lugar a maravillosas y fragantes flores, jamás concebidas, dónde y cuándo gesta los nuevos frutos del vacío, o en qué grado desencadena sublimes e inauditas melodías.
Discípulo es todo aquél que en verdad está dispuesto a aprender de su maestro, que lo aceptará a su vez como aprendiz. Un maestro verdadero jamás enseña al discípulo cómo proceder, en qué fijarse, cuándo actuar, o en qué casos dejar que las cosas ocurran espontáneamente, sin su intervención. No se lo enseña, no porque no quiera sino porque le es imposible llevarlo a cabo. Si te has convertido en su discípulo, el maestro auténtico te señala cuáles son los caminos que no has de transitar, te insta a evitar ciertas compañías insalubres, te invita a desidentificarte de algunas actitudes o estados, y en suma trata de conducirte hacia tu maestro real, el guía interior que custodia la dicha que te corresponde como hombre, y que te es leal en todo instante, bajo cualquier circunstancia. De ese modo, el maestro te deja libre para que busques y encuentres tu destino mediante el esfuerzo responsable de tu singularidad, comprometiéndote a desarrollar al máximo tu inimitable destreza para la vida, y agradeciendo a la existencia la oportunidad recibida, que es poder llevarlo a cabo desde una perspectiva original, la tuya.
Si únicamente advertimos las zonas periféricas de un maestro, puede resultarnos vulgar a la mayoría, o parecernos un excéntrico más, dispuesto a todo para no pasar desapercibido. Mas su núcleo es el de un dragón: apenas unos pocos saben en verdad cómo camina, por qué cielos vuela, dónde se tiende a descansar, con qué se alimenta, qué lo motiva, de dónde nace su fuego…
Lo denomino ser porque es una persona que, ante todo y todos, es ella misma cueste lo que cueste y le cueste. Se trata de un individuo real por su inquebrantable consagración a recorrer las vías que presiente propicias a su búsqueda de la dicha permanente o la comprensión plena no-mental, sin dejar por ello de disfrutar del camino recorrido. Lo llamo excepcional refiriéndome a su potencial humano: no es ya la mera semilla que prometía convertirse en hombre en un futuro vago y muy distante, sino que ha germinado como persona cabal, de trazo firme, y recorrido el suficiente trecho a plena luz del día como para darse cuenta de que no nació por un capricho cósmico, ni para satisfacer las expectativas de alguien. Su excepcionalidad es la confirmación de la promesa de destino común que habita en todos los humanos; destino que puede y debe nacer en nosotros, y que hemos de desarrollar cada cual a nuestra manera por derecho natural y compromiso con la totalidad.
El maestro ya nace como tal. Un buen día, siendo infante, niño, adolescente, joven, hombre maduro o anciano, notará que el barco que lo conduce hacia la muerte es la idea que tiene de su propia vida: el barco lo ha ido construyendo él mismo a base de órdenes recibidas, enseñanzas adquiridas, aprendizajes honestos, sueños ajenos, normas acatadas, placeres no comprendidos, deseos insanos, dolores persistentes, unos pocos ratos de gozo, y toneladas de sufrimiento. Entonces, saltará al mar desde ese barco, en el que viajaba con muchos otros homínidos, y caerá en su propio bote de remos. Comenzará a remar solo, sin perder de vista el barco por si acaso, y se sentirá extraño, libre, aterrado, y responsable por primera vez. Allí nacerá su maestría, que habrá de nutrir y cuidar momento a momento. A partir de entonces, intentará desarrollarse como hombre que siente que transporta y custodia un tesoro de incalculable valor sin revelar; tesoro que valdrá la pena descubrir en soledad, por sí mismo, para después disfrutarlo solo o acompañado.
Todas las cualidades y características hasta aquí mencionadas, sustentan y adornan al maestro en medida e intensidad suficientes como para poder ser distinguido entre cualquier gentío o colectivo humano. Cosa bien distinta es que él mismo decida adquirir notoriedad en ciertos escenarios o se decante hacia el anonimato casi absoluto. De cualquier manera, siempre será detectado por aquellos corazones y almas grandes, aptos para rastrear las huellas de sus pasos o proclives a deleitarse con las armonías de su silencio.
Aconsejado por su propia lucidez y guiado por las señales que su intuición distinga, un maestro puede decidir emprender el viaje de su pleno autoconocimiento a través de bosques inextricables, diáfanos desiertos o galerías subterráneas, llevando a cabo una vida corriente en el centro de la gran ciudad, desempeñando heroicas misiones en lugares recónditos o mediante la creación y vigilancia de un espacio sagrado donde personas afines e interdependientes puedan ayudarse en el cultivo de la salud, asimilada como su propia e ineludible rendición consciente a la naturaleza de la que forman parte.
El maestro sabe de su condición de discípulo de lo total, del universo o como queramos llamarlo. Aprende sin desmayo de todo y de todos. Está siempre tan dispuesto a descubrir las riquezas del mundo, que éstas se le revelan en múltiples formas y por canales inesperados. Un maestro es sólo un usufructuario de la energía: no la posee, no hace acopio de ella, se limita a usarla para su propio bienestar y el ajeno, y disfruta de ella, con ella, contemplando cómo la energía da lugar a maravillosas y fragantes flores, jamás concebidas, dónde y cuándo gesta los nuevos frutos del vacío, o en qué grado desencadena sublimes e inauditas melodías.
Discípulo es todo aquél que en verdad está dispuesto a aprender de su maestro, que lo aceptará a su vez como aprendiz. Un maestro verdadero jamás enseña al discípulo cómo proceder, en qué fijarse, cuándo actuar, o en qué casos dejar que las cosas ocurran espontáneamente, sin su intervención. No se lo enseña, no porque no quiera sino porque le es imposible llevarlo a cabo. Si te has convertido en su discípulo, el maestro auténtico te señala cuáles son los caminos que no has de transitar, te insta a evitar ciertas compañías insalubres, te invita a desidentificarte de algunas actitudes o estados, y en suma trata de conducirte hacia tu maestro real, el guía interior que custodia la dicha que te corresponde como hombre, y que te es leal en todo instante, bajo cualquier circunstancia. De ese modo, el maestro te deja libre para que busques y encuentres tu destino mediante el esfuerzo responsable de tu singularidad, comprometiéndote a desarrollar al máximo tu inimitable destreza para la vida, y agradeciendo a la existencia la oportunidad recibida, que es poder llevarlo a cabo desde una perspectiva original, la tuya.
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3/13/2009 03:41:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
APRENDIENDO -I-
Aprender es un estado natural que nada tiene que ver con la acumulación de conocimientos por medio de la memorización mental-corporal. Sería más bien la exploración con asombro de lo desconocido desde el impulso de una sana curiosidad, guiada por la atención enfocada momento a momento hacia el fluir incesante de la vida. No es que la vida quiera enseñarnos, empecinada en que carguemos con sus tomos de lecciones, sino que nos invita a desprendernos de la carga sobrante para que, ya más livianos, podamos ser capaces de usar lo imprescindible en cada situación y abandonarlo a continuación.
Cierto es que el manejo de ciertas herramientas nos es útil en determinadas circunstancias que a lo largo de la vida se repiten de un modo más o menos parecido, pero también, que nunca nos enfrentamos a un hecho exactamente igual a otro acontecido, y que tampoco lo encaramos en el mismo estado de cuerpo-mente y espíritu de ocasiones anteriores... el “manejo del hacha” debe adecuarse a cada “tronco” que nos vamos encontrando y a nuestras facultades del momento.
En el aprendizaje, la calidad de la atención es la clave, determinando la profundidad con la que nos sumergimos hacia el núcleo de la disciplina. Aquí, la repetición por la repetición no desemboca en nada que no sea el aburrimiento o la frustración.
El maestro de verdad forma parte del flujo de energía refinada del universo, y se mueve como una rama en la corriente de un río. Si somos capaces de zambullirnos en su aventura, soportando el miedo a no usar el flotador de las ideas, el mismo fluir de las aguas nos transporta, y sólo habremos de encargarnos de vigilar su movimiento o ausencia del mismo, para acompasar nuestra voluntad a la del maestro.
La capacidad que va recuperando el aprendiz para sentir el propio cuerpo-mente y, simultáneamente, las ondas del cuerpo-mente del maestro, le otorga el discernimiento natural que impregna de luz, sabor, aroma, silencio y tacto a la sensación vinculada a cada paso del aprendizaje, lo que le permite encontrar las respuestas por sí mismo.
Un maestro nace ya siéndolo, y se va haciendo más consciente de ello a lo largo del tiempo mediante los sucesivos actos de ensayo-error-experiencia que van jalonando su andadura vital. Llega un momento en el que ya no siente la necesidad de explicar detalladamente las técnicas que conducen a la maestría de su arte para que el aprendiz las llegue a comprender, y sólo se ocupa de señalar con sutileza al discípulo los errores básicos, sugiriendo mediante su simple presencia la actitud adecuada para corregirlos. La enseñanza no surge ya de su ego, él no está presente detrás de sus palabras, miradas o gestos. Su ser completo es la docencia sin docente, nunca agresiva, siempre pasiva y amorosa para que la iniciativa del aprendizaje pueda florecer en el discípulo como una más de las formas que adopta su autoconocimiento.
En el deambular existencial, todos somos a la vez maestros y discípulos. Para un ser humano, es imposible profundizar al mismo tiempo en todas las disciplinas, resultando ya arduo y lento el simple aprendizaje de una sola de ellas para la inmensa mayoría de la humanidad.
Cada ser puede aprender lo que le diferencia y lo que tiene en común con los demás seres. Podemos reconocer en cada piedra, río, pájaro, flor, árbol, montaña, insecto, o nube, nuestra calidad de efímeros y eternos, la sabiduría del sentir que todas las piezas acaban siempre encajando en este juego perpetuo, el hecho de que estamos aquí para celebrar cada momento como único e irrecuperable, las nuevas maravillas que nos regala el día que comienza y que cómodamente soñamos cada noche en nuestra sala de cine privada.
En sentido inverso, uno tiene el poder de enseñar a los demás todos los tesoros que lleva dentro cuando su corazón se abre y se muestra tal cual es en la quietud, en la acción o en la respuesta, mas sin imponer nada al otro. Sólo con invitar a los demás a compartir la propia dicha de aprender como fin en sí misma y a nadar en la abundancia de un océano donde nacen tantas perlas a cada instante que no se agotan por más que nos dediquemos a cogerlas, algo se escapa de uno mismo y los demás lo reciben como una brisa refrescante y curativa. Esa brisa los dispondrá para iniciar o recuperar el anhelo de bucear en asuntos diferentes de un modo relajado, de manera que ellos siempre estarán dispuestos a jugar, forma suprema del aprendizaje en la que uno es a la vez jugador y juguete. Será un tiempo de juego donde adquirir la destreza de participar en todo sin complejos, en un estado de inocencia que permitirá seguir explorando con asombro y sin cansancio, sin saber hacia donde nos dirigimos, confiando en algo inmenso que cuida de nosotros.
Luis Ángel Barquín
Cierto es que el manejo de ciertas herramientas nos es útil en determinadas circunstancias que a lo largo de la vida se repiten de un modo más o menos parecido, pero también, que nunca nos enfrentamos a un hecho exactamente igual a otro acontecido, y que tampoco lo encaramos en el mismo estado de cuerpo-mente y espíritu de ocasiones anteriores... el “manejo del hacha” debe adecuarse a cada “tronco” que nos vamos encontrando y a nuestras facultades del momento.
En el aprendizaje, la calidad de la atención es la clave, determinando la profundidad con la que nos sumergimos hacia el núcleo de la disciplina. Aquí, la repetición por la repetición no desemboca en nada que no sea el aburrimiento o la frustración.
El maestro de verdad forma parte del flujo de energía refinada del universo, y se mueve como una rama en la corriente de un río. Si somos capaces de zambullirnos en su aventura, soportando el miedo a no usar el flotador de las ideas, el mismo fluir de las aguas nos transporta, y sólo habremos de encargarnos de vigilar su movimiento o ausencia del mismo, para acompasar nuestra voluntad a la del maestro.
La capacidad que va recuperando el aprendiz para sentir el propio cuerpo-mente y, simultáneamente, las ondas del cuerpo-mente del maestro, le otorga el discernimiento natural que impregna de luz, sabor, aroma, silencio y tacto a la sensación vinculada a cada paso del aprendizaje, lo que le permite encontrar las respuestas por sí mismo.
Un maestro nace ya siéndolo, y se va haciendo más consciente de ello a lo largo del tiempo mediante los sucesivos actos de ensayo-error-experiencia que van jalonando su andadura vital. Llega un momento en el que ya no siente la necesidad de explicar detalladamente las técnicas que conducen a la maestría de su arte para que el aprendiz las llegue a comprender, y sólo se ocupa de señalar con sutileza al discípulo los errores básicos, sugiriendo mediante su simple presencia la actitud adecuada para corregirlos. La enseñanza no surge ya de su ego, él no está presente detrás de sus palabras, miradas o gestos. Su ser completo es la docencia sin docente, nunca agresiva, siempre pasiva y amorosa para que la iniciativa del aprendizaje pueda florecer en el discípulo como una más de las formas que adopta su autoconocimiento.
En el deambular existencial, todos somos a la vez maestros y discípulos. Para un ser humano, es imposible profundizar al mismo tiempo en todas las disciplinas, resultando ya arduo y lento el simple aprendizaje de una sola de ellas para la inmensa mayoría de la humanidad.
Cada ser puede aprender lo que le diferencia y lo que tiene en común con los demás seres. Podemos reconocer en cada piedra, río, pájaro, flor, árbol, montaña, insecto, o nube, nuestra calidad de efímeros y eternos, la sabiduría del sentir que todas las piezas acaban siempre encajando en este juego perpetuo, el hecho de que estamos aquí para celebrar cada momento como único e irrecuperable, las nuevas maravillas que nos regala el día que comienza y que cómodamente soñamos cada noche en nuestra sala de cine privada.
En sentido inverso, uno tiene el poder de enseñar a los demás todos los tesoros que lleva dentro cuando su corazón se abre y se muestra tal cual es en la quietud, en la acción o en la respuesta, mas sin imponer nada al otro. Sólo con invitar a los demás a compartir la propia dicha de aprender como fin en sí misma y a nadar en la abundancia de un océano donde nacen tantas perlas a cada instante que no se agotan por más que nos dediquemos a cogerlas, algo se escapa de uno mismo y los demás lo reciben como una brisa refrescante y curativa. Esa brisa los dispondrá para iniciar o recuperar el anhelo de bucear en asuntos diferentes de un modo relajado, de manera que ellos siempre estarán dispuestos a jugar, forma suprema del aprendizaje en la que uno es a la vez jugador y juguete. Será un tiempo de juego donde adquirir la destreza de participar en todo sin complejos, en un estado de inocencia que permitirá seguir explorando con asombro y sin cansancio, sin saber hacia donde nos dirigimos, confiando en algo inmenso que cuida de nosotros.
Luis Ángel Barquín
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3/13/2009 03:34:00 p. m.
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Luis Ángel Barquín Villaverde
lunes, 9 de marzo de 2009
OSHO (Bhagwan Rajneesh) -CONSCIENCIA-
LOS CUATRO PASOS HACIA EL AMOR
El amor es la unión, el encuentro orgásmico de la muerte y la vida. Si no has conocido el amor, te lo has perdido. Naciste, viviste y moriste, pero perdiste la oportunidad. Te has equivocado tremendamente, totalmente, absolutamente, has perdido el intervalo entre las dos notas. Ese intervalo es el pináculo más alto, la experiencia suprema.
Para alcanzarlo, hay cuatro pasos que debes recordar:
El primero: estar aquí y ahora, porque el amor sólo es posible en el "aquí-ahora".
No puedes amar en el pasado. Muchas personas viven simplemente de recuerdos, amaron en el pasado. Y hay otros que aman en el futuro; eso tampoco se puede hacer. Estas son formas de evitar al amor. El pasado y el futuro son las formas de evitar al amor. De modo que amas en el pasado o amas en el futuro y el amor es sólo posible en el presente porque sólo en este momento la vida y la muerte se encuentran... en el oscuro intervalo que está dentro de ti. Ese intervalo oscuro está siempre en el presente, siempre en el presente, siempre en el presente. Nunca es pasado y nunca es futuro. Si piensas demasiado—y pensar es siempre o del pasado, o del futuro—tus energías se separarán de tus sentimientos. Sentir es estar aquí-ahora. Si tus energías se mueven en función del pensar, entonces no tendrás suficientes energías para adentrarte en los sentimientos y el amor no será posible.
Así que el primer paso es estar aquí-ahora. El futuro y el pasado traen pensamientos y el pensar destruye el sentir. Y una persona obsesionada con el pensar, poco a poco se olvida completamente de que también tiene un corazón. Un hombre que piensa demasiado, avanza de tal manera que, poco a poco, deja de expresar lo que siente. No prestándole atención al sentir, empieza a alejarse de él. Hay millones de personas en este estado sin saber qué significa el corazón. Creen que es sólo un mecanismo. Se concentran exclusivamente en la mente. La mente es un extremo, es necesaria, es un buen instrumento, pero debe usarse como un esclavo. No debe ser el amo. Una vez que la mente se convierta en el amo y dejes en segundo término al corazón, vivirás, morirás, pero no sabrás qué es Dios, porque no sabrás qué es el amor.
Al contactar con él por primera vez, ese intervalo oscuro parece ser amor y cuando te pierdes en él, se convierte en Dios. Dios comienza con el amor, o Dios es la última cúspide del amor.
El segundo paso hacia el amor es: aprende a transformar tus venenos en miel...
Mucha gente ama, pero su amor está muy contaminado con venenos, con odio, celos, furia, posesividad. Mil y un venenos asedian tu amor. El amor es algo delicado. Detente a pensar en la ira, en el odio, en la posesividad, en los celos. ¿Cómo puede el amor sobrevivir? En primer lugar las personas utilizan demasiado la cabeza y olvidan el corazón. Son la mayoría. Una minoría, todavía vive un poco en el corazón, pero esa minoría también está equivocada, su pequeña luz de amor está rodeada por celos, odio, ira y mil y un venenos. Así, todo el viaje se vuelve amargo. El amor es la escalera entre el cielo y el infierno, pero la escalera siempre tiene dos caminos: puedes subir o bajar. Si existen venenos, la escalera te llevará hacia abajo. Entrarás en el infierno y no en el cielo. Y vez de alcanzar una melodía tu vida será un estruendo nauseabundo, contradictorio, como el ruido del tráfico. Un ruido enloquecedor, una multitud ruidosa, sin armonía. Permanecerás al borde de la locura. Por lo tanto lo segundo a recordar es: aprende a transformar tus venenos en miel.
¿Cómo serán transformados? Hay un proceso simple. De hecho no es correcto llamarlo transformación porque no tienes que hacer nada, sólo necesitas paciencia. Te estoy revelando uno de los mayores secretos. Inténtalo: cuando sientas rabia, no hagas nada, sólo siéntate en silencio y observa. No estés ni a favor, ni en contra. No cooperes con ella, no la reprimas. Sólo obsérvala, ten paciencia, mira lo que sucede... déjala surgir.
Recuerda una cosa: nunca hagas nada cuando el veneno se apodere de tu estado de ánimo, simplemente espera. Cuando el veneno empiece a cambiar... Esta es una de las leyes básicas de la vida: todo cambia continuamente. Como te había dicho, el hombre se vuelve mujer y la mujer se vuelve hombre, porque periódicamente ocurren cambios en ti. El hombre bueno se vuelve malo y el malo bueno; el santo tiene momentos de pecador y el pecador, de santo... uno sólo tiene que esperar.
No actúes cuando la furia está en su punto más álgido, si no te arrepentirás y entrarás en una reacción en cadena y crearás karma. Es así como entras en el karma. Haz algo cuando estés en un momento negativo y formarás parte de una cadena interminable. Cuando estás negativo y actúas, el otro se vuelve negativo, el otro está dispuesto a hacer algo. La negatividad genera más negatividad. La negatividad provoca más negatividad, la furia crea más furia, la hostilidad crea más hostilidad y las cosas siguen y siguen y siguen.
La gente ha estado luchando entre sí, durante vidas enteras. ¡Y aún continúan!
Espera. Cuando estás furioso, éste es el momento de meditar; no desperdicies ese momento. La ira está creando tanta energía en ti... que puede destruirlo todo. Pero la energía es neutral; la misma energía que puede destruir, puede ser creativa. Detente. La misma energía que puede destrozarlo todo, puede ser una lluvia de vida.
Sólo espera. Si esperas y haces las cosas sin prisa, un día te sorprenderás al ver el cambio interno. Estabas lleno de ira y la ira iba aumentando y aumentando hasta que llegaste a un clímax... y entonces el curso de las cosas empezó a cambiar. Y puedes ver que está cambiando y la furia va desapareciendo y la energía liberándose. Entonces estarás en un estado de ánimo positivo: el ánimo creativo. Ahora puedes hacer algo. Hazlo ahora. Espera siempre el momento positivo.
Y no estoy hablando de represión, no estoy diciendo que suprimas lo negativo. Lo que digo es que observes lo negativo. Recuerda la diferencia, existe una tremenda diferencia. No digo que te estanques en lo negativo, que te olvides de lo negativo, que hagas algo en contra de ello, no. No estoy diciendo eso.
No digo que sonrías cuando estás furioso, no. Esa sonrisa será falsa, fea, fingida. No sonrías cuando estés furioso. Enciérrate en tu cuarto, coloca un espejo frente a ti y mira tu rostro lleno de rabia. No hay necesidad de mostrárselo a nadie. Es cosa tuya, es tu energía, tu vida y debes esperar el momento oportuno. Sigue mirándote al espejo, mira tu cara enrojecida, los ojos rojos, al asesino en ti. ¿Has pensado alguna vez que cada uno lleva un homicida en su interior? Tú también llevas uno. No creas que el asesino está en otra parte, ni creas que el que comete el asesinato es otro. No, todos tienen la
posibilidad de asesinar. Llevas el instinto suicida en ti.
Mírate en el espejo; esos son tus diferentes estados, debes familiarizarte con ellos. Conocerse a uno mismo forma parte del crecimiento…
Desde Sócrates hasta nuestras días se ha oído: "Conócete a ti mismo". Pero ésta es la manera de conocerse a uno mismo. "Conocerte a ti mismo", no significa sentarse silenciosamente y repetir: "Soy Brahma, soy una alma, soy Dios, soy esto..." no tiene sentido. Conocerse a uno mismo quiere decir conocer todos los estados, todas las posibilidades: el asesino, el pecador, el criminal, el santo, lo sagrado dentro de ti, la virtud, el Dios, el Diablo. Conoce todos los estados, toda su gama; conociéndolos descubrirás secretos, llaves.
Verás que la ira no permanecerá para siempre, o ¿sí podrá? No lo has intentado; ¡Inténtalo! No puede permanecer para siempre. Si no haces nada, ¿qué sucederá? ¿Podría la ira quedar suspendida por
siempre y para siempre? Nada permanece para siempre. La felicidad viene y se va, la infelicidad viene y se va. ¿Entiendes esta simple ley? Todo cambia, nada permanece. Así que, ¿por qué tener prisa? La rabia ha llegado. Se irá. Sólo espera, ten un poco de paciencia. Mira en el espejo y espera. Déjala correr, deja que tu rostro se vuelva feo y homicida, pero espera y observa.
No reprimas la rabia y no actúes bajo su influencia y pronto verás que tu rostro se suavizará, tus ojos se calmarán; la energía cambia, lo masculino se convierte en femenino... y pronto estarás radiante. La misma rojez que era rabia ahora ha adquirido un cierto resplandor, una belleza en tu rostro, en tus ojos.
Ahora puedes salir, el momento de actuar ha llegado. Actúa cuando estés positivo. No fuerces a la positividad, deja que llegue a su tiempo. Este es el secreto. Cuando digo: "Aprende a transformar tus venenos en miel" , eso es lo que quiero decir.
Y tercero: comparte. Cuando tengas algo negativo, guárdalo para ti. Cuando tengas algo positivo, compártelo.
La gente, comúnmente, comparte sus negatividades, no comparte sus experiencias positivas. La Humanidad es simplemente estúpida. Cuando están contentos no comparten, son avaros. Cuando se sienten infelices, son muy pródigos. Entonces están mucho más dispuestos a compartir. Cuando la gente sonríe, sonríe muy moderadamente, sin llegar muy lejos, pero cuando están furiosos, lo están totalmente.
El tercer paso es compartir la positividad. Esto hará que tu amor fluya como un río y hará que surja de tu corazón. El dilema de tu corazón empezará a cambiar cuando compartas.
He oído un dicho muy extraño de Jorge Luis Borges. Escúchalo:
"Dale aquello que es sagrado a los perros.
Arroja las perlas a los puercos
porque lo que importa es dar".
Has oído lo contrario que dice así: "No arrojes nada a los perros y no des perlas a los puercos, porque no entenderán".
Lo que importa no es lo que estás dando: perlas, santidad y amor, ni a quién se lo estás dando. Eso no es importante. Lo importante es que estés dando. Da cuanto tengas. Gurdjieff solía decir: "Todo lo que acumulé, lo perdí y todo lo que di, es mío. Todo aquello que di aún lo tengo, y todo lo que acumulé se perdió, se fue." Cierto; tienes sólo aquello que has compartido. El amor no es una propiedad para ser guardada; es un resplandor, es una fragancia para ser compartida. Cuanto más compartas, más tendrás; cuanto menos compartas, menos tendrás…
Cuanto más compartas, más surgirá de tu interior. Es infinito; más brotará. Saca agua del pozo y más agua fresca fluirá hacia él. Deja de sacar agua, cierra el pozo, sé un miserable y cesará de manar. Poco a poco las fuentes morirán, se bloquearán y el agua que está en el pozo se corromperá, se volverá rancia y sucia. El agua que corre es fresca... el amor que fluye es fresco.
Así que el tercer paso hacia el amor es compartir tus cosas positivas, compartir tu vida, compartir todo lo que tengas. Todo lo bello que tengas, no lo escondas.
Comparte tu sabiduría, comparte tu oración, tu amor, tu felicidad, tu gozo; comparte. Sí, si no encuentras a nadie, comparte con los perros, pero comparte. Con las rocas, pero comparte. Cuando tengas perlas, espárcelas. No te preocupes si las das a los puercos o a los santos. Lo que importa es dar.
El almacenamiento envenena el corazón. Toda acumulación es venenosa. Si compartes, tu sistema estará libre de venenos. Y cuando des, no te preocupes por si serás correspondido o no, no esperes ni tan siquiera las gracias. Siéntete agradecido a la persona que te permitió compartir algo con ella. No esperes en el fondo de tu corazón que él tenga que sentirse agradecido porque compartiste algo con él. No, siéntete agradecido porque él estuvo dispuesto a escucharte, a compartir un poco de energía contigo, porque estuvo dispuesto a escuchar tu canción, dispuesto a ver tu danza, porque cuando fuiste hacia él a darle no te rechazó... pudo haberlo hecho.
El compartir es una de las virtudes más espirituales, una de las más grandes.
Y la cuarta: no seas "alguien".
Una vez que comienzas a pensar que eres alguien, te estancas. Entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de alguien que no es nadie. El amor mora sólo en la nada.
Cuando estás vacío, hay amor.
Cuando estás lleno de ego, el amor desaparece.
El amor y el ego no pueden converger.
El amor puede existir con Dios y no con el ego, porque el amor y Dios son sinónimos. Es imposible que el amor y el ego estén juntos. Así que, sé la nada. El "no ser" es la fuente de todo, el "no ser" no ser es la fuente del infinito... "no ser" es Dios. Ser "la nada" significa nirvana.
Sé "la nada" y al serlo, habrás alcanzado el Todo. Siendo "algo" te perderás; al ser "la nada", llegarás a casa.
Osho (Bhagwan Rajneesh)
El amor es la unión, el encuentro orgásmico de la muerte y la vida. Si no has conocido el amor, te lo has perdido. Naciste, viviste y moriste, pero perdiste la oportunidad. Te has equivocado tremendamente, totalmente, absolutamente, has perdido el intervalo entre las dos notas. Ese intervalo es el pináculo más alto, la experiencia suprema.
Para alcanzarlo, hay cuatro pasos que debes recordar:
El primero: estar aquí y ahora, porque el amor sólo es posible en el "aquí-ahora".
No puedes amar en el pasado. Muchas personas viven simplemente de recuerdos, amaron en el pasado. Y hay otros que aman en el futuro; eso tampoco se puede hacer. Estas son formas de evitar al amor. El pasado y el futuro son las formas de evitar al amor. De modo que amas en el pasado o amas en el futuro y el amor es sólo posible en el presente porque sólo en este momento la vida y la muerte se encuentran... en el oscuro intervalo que está dentro de ti. Ese intervalo oscuro está siempre en el presente, siempre en el presente, siempre en el presente. Nunca es pasado y nunca es futuro. Si piensas demasiado—y pensar es siempre o del pasado, o del futuro—tus energías se separarán de tus sentimientos. Sentir es estar aquí-ahora. Si tus energías se mueven en función del pensar, entonces no tendrás suficientes energías para adentrarte en los sentimientos y el amor no será posible.
Así que el primer paso es estar aquí-ahora. El futuro y el pasado traen pensamientos y el pensar destruye el sentir. Y una persona obsesionada con el pensar, poco a poco se olvida completamente de que también tiene un corazón. Un hombre que piensa demasiado, avanza de tal manera que, poco a poco, deja de expresar lo que siente. No prestándole atención al sentir, empieza a alejarse de él. Hay millones de personas en este estado sin saber qué significa el corazón. Creen que es sólo un mecanismo. Se concentran exclusivamente en la mente. La mente es un extremo, es necesaria, es un buen instrumento, pero debe usarse como un esclavo. No debe ser el amo. Una vez que la mente se convierta en el amo y dejes en segundo término al corazón, vivirás, morirás, pero no sabrás qué es Dios, porque no sabrás qué es el amor.
Al contactar con él por primera vez, ese intervalo oscuro parece ser amor y cuando te pierdes en él, se convierte en Dios. Dios comienza con el amor, o Dios es la última cúspide del amor.
El segundo paso hacia el amor es: aprende a transformar tus venenos en miel...
Mucha gente ama, pero su amor está muy contaminado con venenos, con odio, celos, furia, posesividad. Mil y un venenos asedian tu amor. El amor es algo delicado. Detente a pensar en la ira, en el odio, en la posesividad, en los celos. ¿Cómo puede el amor sobrevivir? En primer lugar las personas utilizan demasiado la cabeza y olvidan el corazón. Son la mayoría. Una minoría, todavía vive un poco en el corazón, pero esa minoría también está equivocada, su pequeña luz de amor está rodeada por celos, odio, ira y mil y un venenos. Así, todo el viaje se vuelve amargo. El amor es la escalera entre el cielo y el infierno, pero la escalera siempre tiene dos caminos: puedes subir o bajar. Si existen venenos, la escalera te llevará hacia abajo. Entrarás en el infierno y no en el cielo. Y vez de alcanzar una melodía tu vida será un estruendo nauseabundo, contradictorio, como el ruido del tráfico. Un ruido enloquecedor, una multitud ruidosa, sin armonía. Permanecerás al borde de la locura. Por lo tanto lo segundo a recordar es: aprende a transformar tus venenos en miel.
¿Cómo serán transformados? Hay un proceso simple. De hecho no es correcto llamarlo transformación porque no tienes que hacer nada, sólo necesitas paciencia. Te estoy revelando uno de los mayores secretos. Inténtalo: cuando sientas rabia, no hagas nada, sólo siéntate en silencio y observa. No estés ni a favor, ni en contra. No cooperes con ella, no la reprimas. Sólo obsérvala, ten paciencia, mira lo que sucede... déjala surgir.
Recuerda una cosa: nunca hagas nada cuando el veneno se apodere de tu estado de ánimo, simplemente espera. Cuando el veneno empiece a cambiar... Esta es una de las leyes básicas de la vida: todo cambia continuamente. Como te había dicho, el hombre se vuelve mujer y la mujer se vuelve hombre, porque periódicamente ocurren cambios en ti. El hombre bueno se vuelve malo y el malo bueno; el santo tiene momentos de pecador y el pecador, de santo... uno sólo tiene que esperar.
No actúes cuando la furia está en su punto más álgido, si no te arrepentirás y entrarás en una reacción en cadena y crearás karma. Es así como entras en el karma. Haz algo cuando estés en un momento negativo y formarás parte de una cadena interminable. Cuando estás negativo y actúas, el otro se vuelve negativo, el otro está dispuesto a hacer algo. La negatividad genera más negatividad. La negatividad provoca más negatividad, la furia crea más furia, la hostilidad crea más hostilidad y las cosas siguen y siguen y siguen.
La gente ha estado luchando entre sí, durante vidas enteras. ¡Y aún continúan!
Espera. Cuando estás furioso, éste es el momento de meditar; no desperdicies ese momento. La ira está creando tanta energía en ti... que puede destruirlo todo. Pero la energía es neutral; la misma energía que puede destruir, puede ser creativa. Detente. La misma energía que puede destrozarlo todo, puede ser una lluvia de vida.
Sólo espera. Si esperas y haces las cosas sin prisa, un día te sorprenderás al ver el cambio interno. Estabas lleno de ira y la ira iba aumentando y aumentando hasta que llegaste a un clímax... y entonces el curso de las cosas empezó a cambiar. Y puedes ver que está cambiando y la furia va desapareciendo y la energía liberándose. Entonces estarás en un estado de ánimo positivo: el ánimo creativo. Ahora puedes hacer algo. Hazlo ahora. Espera siempre el momento positivo.
Y no estoy hablando de represión, no estoy diciendo que suprimas lo negativo. Lo que digo es que observes lo negativo. Recuerda la diferencia, existe una tremenda diferencia. No digo que te estanques en lo negativo, que te olvides de lo negativo, que hagas algo en contra de ello, no. No estoy diciendo eso.
No digo que sonrías cuando estás furioso, no. Esa sonrisa será falsa, fea, fingida. No sonrías cuando estés furioso. Enciérrate en tu cuarto, coloca un espejo frente a ti y mira tu rostro lleno de rabia. No hay necesidad de mostrárselo a nadie. Es cosa tuya, es tu energía, tu vida y debes esperar el momento oportuno. Sigue mirándote al espejo, mira tu cara enrojecida, los ojos rojos, al asesino en ti. ¿Has pensado alguna vez que cada uno lleva un homicida en su interior? Tú también llevas uno. No creas que el asesino está en otra parte, ni creas que el que comete el asesinato es otro. No, todos tienen la
posibilidad de asesinar. Llevas el instinto suicida en ti.
Mírate en el espejo; esos son tus diferentes estados, debes familiarizarte con ellos. Conocerse a uno mismo forma parte del crecimiento…
Desde Sócrates hasta nuestras días se ha oído: "Conócete a ti mismo". Pero ésta es la manera de conocerse a uno mismo. "Conocerte a ti mismo", no significa sentarse silenciosamente y repetir: "Soy Brahma, soy una alma, soy Dios, soy esto..." no tiene sentido. Conocerse a uno mismo quiere decir conocer todos los estados, todas las posibilidades: el asesino, el pecador, el criminal, el santo, lo sagrado dentro de ti, la virtud, el Dios, el Diablo. Conoce todos los estados, toda su gama; conociéndolos descubrirás secretos, llaves.
Verás que la ira no permanecerá para siempre, o ¿sí podrá? No lo has intentado; ¡Inténtalo! No puede permanecer para siempre. Si no haces nada, ¿qué sucederá? ¿Podría la ira quedar suspendida por
siempre y para siempre? Nada permanece para siempre. La felicidad viene y se va, la infelicidad viene y se va. ¿Entiendes esta simple ley? Todo cambia, nada permanece. Así que, ¿por qué tener prisa? La rabia ha llegado. Se irá. Sólo espera, ten un poco de paciencia. Mira en el espejo y espera. Déjala correr, deja que tu rostro se vuelva feo y homicida, pero espera y observa.
No reprimas la rabia y no actúes bajo su influencia y pronto verás que tu rostro se suavizará, tus ojos se calmarán; la energía cambia, lo masculino se convierte en femenino... y pronto estarás radiante. La misma rojez que era rabia ahora ha adquirido un cierto resplandor, una belleza en tu rostro, en tus ojos.
Ahora puedes salir, el momento de actuar ha llegado. Actúa cuando estés positivo. No fuerces a la positividad, deja que llegue a su tiempo. Este es el secreto. Cuando digo: "Aprende a transformar tus venenos en miel" , eso es lo que quiero decir.
Y tercero: comparte. Cuando tengas algo negativo, guárdalo para ti. Cuando tengas algo positivo, compártelo.
La gente, comúnmente, comparte sus negatividades, no comparte sus experiencias positivas. La Humanidad es simplemente estúpida. Cuando están contentos no comparten, son avaros. Cuando se sienten infelices, son muy pródigos. Entonces están mucho más dispuestos a compartir. Cuando la gente sonríe, sonríe muy moderadamente, sin llegar muy lejos, pero cuando están furiosos, lo están totalmente.
El tercer paso es compartir la positividad. Esto hará que tu amor fluya como un río y hará que surja de tu corazón. El dilema de tu corazón empezará a cambiar cuando compartas.
He oído un dicho muy extraño de Jorge Luis Borges. Escúchalo:
"Dale aquello que es sagrado a los perros.
Arroja las perlas a los puercos
porque lo que importa es dar".
Has oído lo contrario que dice así: "No arrojes nada a los perros y no des perlas a los puercos, porque no entenderán".
Lo que importa no es lo que estás dando: perlas, santidad y amor, ni a quién se lo estás dando. Eso no es importante. Lo importante es que estés dando. Da cuanto tengas. Gurdjieff solía decir: "Todo lo que acumulé, lo perdí y todo lo que di, es mío. Todo aquello que di aún lo tengo, y todo lo que acumulé se perdió, se fue." Cierto; tienes sólo aquello que has compartido. El amor no es una propiedad para ser guardada; es un resplandor, es una fragancia para ser compartida. Cuanto más compartas, más tendrás; cuanto menos compartas, menos tendrás…
Cuanto más compartas, más surgirá de tu interior. Es infinito; más brotará. Saca agua del pozo y más agua fresca fluirá hacia él. Deja de sacar agua, cierra el pozo, sé un miserable y cesará de manar. Poco a poco las fuentes morirán, se bloquearán y el agua que está en el pozo se corromperá, se volverá rancia y sucia. El agua que corre es fresca... el amor que fluye es fresco.
Así que el tercer paso hacia el amor es compartir tus cosas positivas, compartir tu vida, compartir todo lo que tengas. Todo lo bello que tengas, no lo escondas.
Comparte tu sabiduría, comparte tu oración, tu amor, tu felicidad, tu gozo; comparte. Sí, si no encuentras a nadie, comparte con los perros, pero comparte. Con las rocas, pero comparte. Cuando tengas perlas, espárcelas. No te preocupes si las das a los puercos o a los santos. Lo que importa es dar.
El almacenamiento envenena el corazón. Toda acumulación es venenosa. Si compartes, tu sistema estará libre de venenos. Y cuando des, no te preocupes por si serás correspondido o no, no esperes ni tan siquiera las gracias. Siéntete agradecido a la persona que te permitió compartir algo con ella. No esperes en el fondo de tu corazón que él tenga que sentirse agradecido porque compartiste algo con él. No, siéntete agradecido porque él estuvo dispuesto a escucharte, a compartir un poco de energía contigo, porque estuvo dispuesto a escuchar tu canción, dispuesto a ver tu danza, porque cuando fuiste hacia él a darle no te rechazó... pudo haberlo hecho.
El compartir es una de las virtudes más espirituales, una de las más grandes.
Y la cuarta: no seas "alguien".
Una vez que comienzas a pensar que eres alguien, te estancas. Entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de alguien que no es nadie. El amor mora sólo en la nada.
Cuando estás vacío, hay amor.
Cuando estás lleno de ego, el amor desaparece.
El amor y el ego no pueden converger.
El amor puede existir con Dios y no con el ego, porque el amor y Dios son sinónimos. Es imposible que el amor y el ego estén juntos. Así que, sé la nada. El "no ser" es la fuente de todo, el "no ser" no ser es la fuente del infinito... "no ser" es Dios. Ser "la nada" significa nirvana.
Sé "la nada" y al serlo, habrás alcanzado el Todo. Siendo "algo" te perderás; al ser "la nada", llegarás a casa.
Osho (Bhagwan Rajneesh)
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CONSCIENCIA -OTROS AUTORES-
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3/09/2009 11:07:00 a. m.
Publicado por
Luis Ángel Barquín Villaverde
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