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- Compromiso-
- Sonetos para una tarde de verano
- Más allá de las palabras
- Página
- Pulso
- Una luz en la luz
- Dhyana (en meditación)
- Cuaderno del vacío
- Esencia
- Ser
- Poemas de amor
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viernes, 23 de marzo de 2012

NO EGO

Mi vida, sostenida por la vida,
avanza paso a paso hacia su muerte.
La muerte, cara oculta de la suerte,
vertical de una cruz a mi medida.

Cura en la paz mi corazón su herida,
con débil pulso y resistencia fuerte.
Pesa en mi voz, como razón inerte,
una palabra ingrata y repetida.

Intuye su final mi ego, herido
de vida y muerte, por la luz eterna
y por su daga -respectivamente-.

Mi falso yo, en su pena consumido,
sabe al fin -sin querer- quién le gobierna,
que ya le espera su mitad ausente.


Luis Ángel Barquín

ANTE LA MUERTE

Sin esperar a que me cite, ¡sí!,
saber que crece dentro de mi ser,
que consume mi vida su poder,
que no existe la huida para mí.

Saber que lo que aprenda y aprendí
se postra ante sus ojos de mujer.
Saber que mi alma etérea puede arder
en la llama de amor que no encendí.

Saber que su atracción la luz se lleva,
como la sombra de la luna nueva
que ausente nos parece… y está cerca.

Saber que es fútil todo en su presencia
salvo el coraje inerme y la inocencia,
que su tornillo soy, y ella mi tuerca.

Luis Ángel Barquín

ELEGÍA

¡No sufro porque no me ames, sufro
porque no puedo amarte!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCanta un pájaro
sin alas bajo mis párpados, mientras
un suspiro sobrevuela mis manos.

Hoy la luz nos separa y delimita…
Nos ha unido la noche
vertiginosamente.
xxxxxxxxxxxxxxxxxAbrazo una
sombra -¿la tuya?- que me incendia, siento
un beso -¿mío?- que me ahoga.

La claridad se hace dolor humano
y engulle la imagen de la certeza.

Ya nunca el mundo será igual: sabemos
atravesar el tiempo y detenernos,
mas aún no recordamos el sitio
de nuestra sagrada comunión.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara
morir nos basta el canto del silencio
en los labios; para nacer, el hueco
-agradecido, exacto, decisivo-
de lo irrepetible.


Luis Ángel Barquín

lunes, 19 de septiembre de 2011

DESPUÉS DE TI

Después de que te marches para siempre
o de que yo me ausente y ya no vuelva.
Después de los silencios comprendidos,
las palabras –moradas, puentes, muros-
sobre las que buscamos algo juntos,
sin saber si era dicha, paz u olvido.

Después de tu mirada -en la que el tiempo
parece detenerse y cobijarse-,
hecha de sombra pura y luz de luna.
Después de agradecer tu compañía,
de en vano descifrar tu viva ausencia.
Después de acariciar tu corazón.

Después de amanecer cada mañana
a tu lado, de entrar solo en el sueño
tantas noches durmiendo junto a ti.
Después de ser un huésped de tu vida,
de invitarte a ser valle de la mía.
Después de cada beso y cada abrazo.

Después de ti será todo distinto:
el cielo no será ya nuestro techo
ni tampoco la tierra nuestro suelo;
el aire será menos respirable,
no pulsará la luz la transparencia
y algo en mí morirá para ser tú.

Luis Ángel Barquín

RENDICIÓN

Es nuestro cuerpo tierra del presente.
La gravedad lo atrae en su conjunto
hacia la sola sima del difunto.
La muerte desde allí, afanosamente,

con su cantar monótono y doliente,
lo seduce y desgasta, en contrapunto.
Caer, morir: tan sólo un mismo asunto
observado de modo diferente.

Abandonar sin más la resistencia
a las formas que adopta aquí y ahora
la vida, es la primera comunión.

Así, la muerte mostrará clemencia,
anunciando su luz transformadora
el privilegio de la rendición.

Luis Ángel Barquín

SIN LÍMITES

El tacto ya no sirve, no hay materia.

Se pierde la mirada, y no regresa.

No distingue el oído
el final ni el principio del silencio.
Ni tampoco el sonido, ni su eco.

No percibe el olfato
los olores más burdos, ni disfruta
los sutiles aromas, las fragancias.

El paladar ha muerto
-sin un matiz que llevarse a la boca-
tras el disgusto de saberse solo.

Un pulso abarca el corazón del mundo.

Un ser -que pudo ser un hombre- flota
en paz, sin paradero.

El fin del mundo sólo es una cara
de la moneda. La otra es su comienzo.

Luis Ángel Barquín

PUNTO CERO

Hacia todo lugar y desde todo
confín, un punto que deviene cero.
La diana cósmica frente al arquero:
su flecha acertará de cualquier modo.

El nuevo mundo emerge desde el lodo
del viejo, con propósito sincero
y recursos intactos. El viajero
ha gastado su espacio y su periodo.

Toca cavar la propia sepultura,
dejar caer en ella lo acopiado
y, ligeros, alzar la vista al cielo.

Toca empezar de nuevo la aventura
de ser, ahora que el tiempo se ha parado
en el reloj del muerto: ¡nace el duelo!

Luis Ángel Barquín

domingo, 18 de septiembre de 2011

ENTRE LAS RUINAS

Sintió la muerte entre sus pensamientos…
Escuchó cada paso de su sombra
sobre la calle, de regreso a casa.
Mas siguió caminando, decidido
a enterrar todo el peso de su historia,
renunciando a soñar mundos mejores.
De sus manos cayeron los anillos,
y de sus ojos lágrimas ajenas,
donde el dolor del mundo halló reflejo.
Y desde entonces es su propio guía:
un corazón siguiendo a su latido
entre las ruinas de sus pensamientos.

Luis Ángel Barquín

miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL VACÍO Y LA MUERTE

Separación aparente
sin aparente remedio.
En el envés de la voz
muere un eco del silencio.

Tiempo de relojes rotos,
pausa de los ojos quietos
que miran pero no ven,
que ven sin estar despiertos.

La vida yace en la sombra
como un perro callejero,
sin techo que la cobije,
sin alimento y sin dueño.

Hueco que no tiene forma,
abismo cercano, hueco
que crece dentro de mí
como un extraño secreto.

La plenitud se vacía
desde lo cierto a lo incierto,
certeza de lo imposible
que arde en los ojos del muerto.

Luis Ángel Barquín

DETRÁS

Envés de la vida: el muerto
escucha, alerta, el silencio
preñado de voces niñas
que estremece su garganta.

Quisiera cantar –no puede–
las notas de otro mañana.
En la ausencia de su cuerpo
la claridad se consume.

Dolor por la luz no amada,
rabia por el nido roto,
pena en el pecho del aire
por las alas no extendidas.

Nace el viaje del alba
en el centro de la noche;
por el corazón del muerto
se extiende el rumor del agua.

Delante, un paso ya sueña
ser huella sobre la tierra.
Detrás, el viajero inmóvil
sólo espera una señal. 

Luis Ángel Barquín

domingo, 24 de abril de 2011

MUERTE (III)

Miedo a mirarte de frente
y encontrar mi cuerpo helado,
ahogadas mis ilusiones,
mi memoria hecha pedazos.

Miedo a no ver a los míos
jamás, a no ser humano
de golpe, a un vagar fantasma
para siempre en el espacio.

Miedo a tu sombra perfecta
ocultando el sol que amo,
y a tu paso silencioso
adueñado de mis pasos.

Miedo a encontrar a mis muertos
sin poder mover mis labios
y sin poder recordar
sus nombres, bajo el espanto.

Miedo a perder su mirada,
a no darle un nuevo abrazo,
a no sentir en mi ser
su beso profundo y cálido.

Miedo a ser sólo una mota
de polvo oscuro y lejano.
Miedo de no haber vivido
libre de miedos, amando.

Luis Ángel Barquín

MUERTE (II)

¿Cuándo veré tus ojos otra vez? Siempre callas…
En tu silencio hay un espejo roto
reflejando los míos, colgado de la nada.

Me miraste una vez -aquella noche-
y esquivé tu mirada... De ese encuentro conservo
un fragmento de imagen, un temblor en mi espalda,
un rumor en mi sangre
y el sabor instantáneo de una lágrima.

Me dijiste al oído una sola palabra…
No sé qué significa, ni tampoco pronunciarla.
Palabra que está hueca de mí mismo.
Palabra que me espera para ser habitada.

Te posaste en mi vientre con el peso de un águila.
Te sentí en cada pluma y en el pico.
Te sentí en ambas garras.
Y sentí que tirabas de mi aliento. 
Y sentí cómo se abrían tus alas.
Y sentí que algo mío iba contigo
cuando ya te elevabas.

El miedo a ti se llena de preguntas.
Pero todas son falsas.
Por eso, acaso, una sonrisa siempre
se dibuja en mis labios cuando callas…

…Me respondes con esa sola nota,
monótona y precisa, que pulsa mis entrañas.

Luis Ángel Barquín

MUERTE (I)

          A Aida, mi madre

Insomne y acechadora
ausencia que me rodea
para que mi vida sea
bocado para el ahora.

Viento blanco, negro fuego:
de las entrañas me nace
su doble fuerza. Deshace
los versos que no le entrego.

En su remanso vacía
los pensamientos mi mente.
Va manando de su fuente
el hilo de mi poesía.

En paz, sus ojos despejan
las dudas de mi pupila,
mientras su luna vigila
lo que los míos reflejan.

Desde la hondura infinita,
su amor me posa en lo alto
y rompe el molde del salto
para que no se repita.

Futura está en mi presente,
y mi presente en su mano.
Su imagen, último arcano,
se revela de repente.

Luis Ángel Barquín